Un estudio de Corpa Estudios de Mercado revela que, aunque ambos productos presentan diferencias técnicas y regulatorias, para la mayoría de los consumidores esas distinciones pasan inadvertidas. Mientras el 73% consume manjar al menos una vez al mes. sólo el 32% declara consumir dulce de leche.
Aunque en la conversación cotidiana suelen utilizarse como sinónimos, el manjar y el dulce de leche no son exactamente lo mismo. Sin embargo, para la mayoría de los chilenos esa diferencia simplemente no existe. Así lo revela un estudio de CORPA sobre hábitos de consumo de la categoría, que muestra que el 51% de las personas no percibe diferencias entre ambos productos, pese a que cuentan con formulaciones y estándares de elaboración distintos.
La investigación también confirma el liderazgo del manjar en el mercado chileno. El 73% de los consumidores declara consumirlo al menos una vez al mes, más del doble que el 32% que consume dulce de leche, consolidando una preferencia que parece responder más a la costumbre y la cercanía cultural que a aspectos técnicos.
Desde el punto de vista de su elaboración, existen diferencias relevantes. Bajo la normativa chilena, el manjar debe cumplir requisitos específicos de composición, como un contenido mínimo de sólidos lácteos y una textura más homogénea y consistente. En cambio, el dulce de leche, especialmente en sus versiones internacionales, como la argentina, admite una mayor variabilidad en ingredientes y procesos de elaboración, lo que puede traducirse en diferencias de color, dulzor y textura.
Sin embargo, el estudio muestra que esos aspectos tienen poca incidencia en la percepción del consumidor. Entre quienes dicen notar diferencias, las principales menciones corresponden al sabor (38%) y la textura (20%), sin que exista una diferenciación clara y transversal entre ambos productos.
«Desde lo técnico existen diferencias en formulación, proceso y estándares de composición que las empresas deben cumplir. Sin embargo, esas características no están en el centro de la decisión del consumidor. Lo que finalmente pesa es el sabor, la familiaridad con el producto y la marca», explica Pavel Castillo, Gerente de Intelligence de CORPA [1].
Los resultados muestran que el manjar mantiene una presencia mucho más consolidada en la mesa de los chilenos. Sus principales ocasiones de consumo son la once (62%), los postres (58%) y las celebraciones como cumpleaños (44%), reflejando un vínculo que trasciende el producto y forma parte de los hábitos familiares.
Esa preferencia también se observa en la composición del consumo. El 81% de quienes compran esta categoría opta por manjar tradicional, mientras que el 33% consume dulce de leche en su versión clásica, reafirmando la posición dominante del primero dentro del mercado nacional.
«El manjar tiene un espacio muy consolidado en Chile, con una historia cultural, familiar de pertenencia e idiosincrasia. En ese escenario, el dulce de leche logra integrarse a la categoría por una similitud visual y de sabor, sin que necesariamente el consumidor chileno note claras diferencias, aunque en la práctica sí existen», señala Castillo.
El estudio también evidencia que se trata de una categoría altamente estable. El 87% de los consumidores afirma no haber modificado sus hábitos de consumo durante los últimos seis meses, lo que refleja un bajo nivel de sustitución entre ambos productos.
Al momento de elegir una marca, los principales factores siguen siendo el buen sabor (69%), la relación precio-calidad (63%) y la confianza en la marca (53%), atributos que continúan pesando más que las diferencias técnicas existentes entre el manjar y el dulce de leche.
«En la práctica, el consumidor chileno enfrenta esta decisión como una elección entre dos productos equivalentes. El manjar sigue siendo la referencia principal dentro de la categoría, mientras que el dulce de leche entra a su espacio competitivo dentro de la misma góndola», concluye Pavel Castillo.