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Cuando el deseo de ser padre se enfrenta a la infertilidad. Por Felipe Pascual, fundador del programa Fertilidad Emocional

Se modernizaronsus 1.150 m², incorporando una nueva distribución de las áreas de entrenamiento, salas completamente renovadas, espacios de cowork y una infraestructura que eleva el estándar deportivo de la Región de Valparaíso.

Mesas y sillas plegables, bolsos para picnic, cocinillas y carpas forman parte de la propuesta de la marca, que también cuenta con un showroom en Quilpué para conocer sus productos de cerca.

La división de la estatal licitó un contrato a ocho años que reemplazó la totalidad de sus vehículos diésel por unidades cero emisiones, adelantándose a las metas corporativas de la cuprífera al 2030.

Hablar de Fertilidad Emocional es abrir una conversación urgente sobre lo que ocurre por dentro cuando el deseo de ser padre se encuentra con un diagnóstico de infertilidad. No se trata solo de tratamientos, exámenes o estadísticas: también se trata de tristeza, frustración, culpa, envidia, miedo y de esa sensación profunda de no estar a la altura de lo que la cultura espera de nosotros.
Aunque la infertilidad suele asociarse principalmente a las mujeres, los factores masculinos están presentes en cerca del 40% de los casos. A nivel mundial, la Organización Mundial de la Salud estima que una de cada seis personas experimentará infertilidad en algún momento de su vida reproductiva, y en Chile se calcula que entre el 10% y el 15% de las parejas enfrenta esta realidad. Pese a estas cifras, la experiencia emocional masculina continúa siendo poco visible: muchos hombres viven el diagnóstico con vergüenza, aislamiento y miedo al juicio, como si hablar de ello pusiera en duda su identidad, su masculinidad o su capacidad de construir familia.
En un país donde la natalidad atraviesa una crisis histórica, con una Tasa Global de Fecundidad de 0,99 hijos por mujer, hablar de fertilidad no puede reducirse a cifras médicas o demográficas. Detrás de cada tratamiento hay parejas que esperan bajo constante angustia y ansiedad, hombres y mujeres que se sienten responsables de un dolor compartido y familias que intentan sostener la esperanza. La Fertilidad Emocional propone mirar esa dimensión invisible: cómo nos sostenemos, cómo conversamos con nuestras parejas, cómo pedimos ayuda y cómo dejamos de cargar en soledad un proceso que también necesita contención afectiva.
Esta reflexión debiera recordarnos que la paternidad también comienza en el deseo, en la búsqueda y en la capacidad de pedir ayuda.
Acompañar emocionalmente a los hombres que atraviesan infertilidad no significa prometer resultados médicos, sino permitirles sostenerse mejor, recuperar confianza y comprender que no están solos. Porque el camino hacia la paternidad puede ser doloroso, y cuando el silencio enferma, la Fertilidad Emocional puede convertirse en una forma concreta de cuidado.

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