Tres de cada cinco niños en Chile llegan a segundo básico sin comprender bien lo que leen. No es solo una dificultad en Lenguaje ni una cifra para un informe: es una alerta sobre su futuro. Un niño que no domina la lectura a los 8 años tiene un 88% de probabilidad de que las dificultades persistan. La brecha se vuelve crónica y, sobre todo, injusta.
La estrategia Chile Aprende y Avanza, impulsada por el Ministerio de Educación, reconoce esta urgencia y pone a la primera infancia en el centro, algo indispensable si consideramos que el 90% del desarrollo cerebral ocurre antes de los cinco años. Pero hay un punto que no podemos ignorar: ningún niño aprende aislado de lo que siente. Cuando la convivencia escolar vive niveles históricos de conflicto, hablar de aprendizaje sin hablar de vínculos y bienestar emocional es dejar fuera una parte esencial del problema.
La nueva estrategia abre una oportunidad valiosa para articular a las escuelas, el Estado, las familias y las organizaciones sociales que ya trabajan en esta tarea. Recuperar los aprendizajes exige conectar esas experiencias y fortalecer a los adultos que acompañan diariamente a niños y niñas, especialmente a sus familias, La escuela es insustituible, pero el aprendizaje comienza mucho antes del ingreso al sistema escolar y continúa durante toda su trayectoria.
En Fundación ALMA lo vemos cada día. Sabemos que una lectura compartida puede ser un espacio de encuentro, una conversación que abre confianza y la oportunidad de que un niño descubra que su voz importa.
Si Chile quiere realmente aprender y avanzar, debe ser capaz de convocar, sostener y acompañar a quienes cumplen esa tarea cotidiana.
Porque actuar temprano no es solo mejorar indicadores, sino evitar que una dificultad termine definiendo una historia que todavía puede escribirse de otra manera.