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Efecto invernal: bajas temperaturas elevan hasta un 20% el riesgo de infartos en personas mayores

La División formalizó su compromiso con la Mesa Empresarial Público-Privada de Capacitación y Empleo Local, instancia que reúne a empresas, municipios, SENCE, ASIVA y programas públicos, aportando planes de formación propios para estudiantes técnico-profesionales, pescadores y habitantes de Quintero y Puchuncaví.

La combinación de vasoconstricción arterial, cuadros de influenza y mayor tendencia a coágulos genera una “tormenta perfecta” en los meses fríos.

Durante los meses de invierno, la atención pública suele centrarse en el aumento de las enfermedades respiratorias; sin embargo, las bajas temperaturas también impactan con fuerza al sistema circulatorio, registrando un incremento estacional en las atenciones por infartos, crisis hipertensivas y descompensaciones cardíacas.

Diversas investigaciones cardiovasculares advierten que este impacto es marcadamente desigual: mientras que en adultos jóvenes el organismo logra adaptarse con mayor facilidad, en la población mayor de 65 años el frío actúa como un detonante crítico, registrando hasta un 20% más de mortalidad por causas cardiovasculares durante la temporada fría en comparación con los meses más cálidos.

La explicación detrás de este fenómeno es estrictamente fisiológica: ante el descenso térmico, el cuerpo activa mecanismos para conservar el calor produciendo una vasoconstricción, es decir, el estrechamiento de las arterias. Esto genera una mayor resistencia al flujo sanguíneo, eleva la presión arterial de forma automática y obliga al corazón a realizar una sobrecarga.

“Durante los meses más fríos vemos un incremento significativo en las urgencias cardiovasculares, sobre todo en personas mayores. El frío genera un estrés mecánico directo sobre las arterias, pudiendo provocar incluso espasmos coronarios. Si a esta sobrecarga le sumamos la mayor viscosidad de la sangre, la contaminación ambiental y las infecciones respiratorias como la influenza —que generan un estado inflamatorio en todo el organismo—, nos enfrentamos a una ‘tormenta perfecta’ para el sistema circulatorio”, explica el Dr. Francisco Pacheco, cardiólogo de Clínica RedSalud Santiago.

Riesgos cotidianos y prevención activa

Junto al impacto fisiológico directo del clima, existen factores conductuales y clínicos que suelen subestimarse durante la época invernal. Uno de los principales es la automedicación frente a cuadros respiratorios o dolores articulares. “El consumo descontrolado de descongestionantes o antiinflamatorios de venta libre puede interactuar de forma negativa con los fármacos antihipertensivos y descompensar los niveles de presión arterial”, explica el cardiólogo..

Asimismo, la exposición al frío combinada con esfuerzos físicos intensos y repentinos —como empujar un vehículo varado, levantar objetos pesados o realizar movimientos bruscos sin un calentamiento previo— genera un incremento súbito en la demanda de oxígeno del corazón, lo que bajo temperaturas extremadamente bajas puede actuar como un detonante directo de una arritmia grave o un infarto al miocardio.

Frente a este complejo escenario, el Dr. Pacheco enfatiza: “es fundamental que las personas mayores se abriguen en capas para regular la temperatura, protegiendo adecuadamente la cabeza y las extremidades al salir al exterior. Del mismo modo, es crítico evitar los cambios bruscos de temperatura y no interrumpir bajo ninguna circunstancia sus medicamentos habituales para la presión, el colesterol o la diabetes”.

Chequeos preventivos clave

Detectar los factores de riesgo antes de que causen un evento agudo es el objetivo central de la prevención cardiovascular. De acuerdo con las guías clínicas de salud, la evaluación preventiva se sustenta en mediciones periódicas fundamentales:

  • Presión arterial y perfil antropométrico: La medición de la presión, junto con el Índice de Masa Corporal (IMC) y el perímetro abdominal, permite evaluar el impacto de la hipertensión, el sobrepeso y la grasa visceral en el sistema arterial.
  • Glicemia o Hemoglobina Glicosilada (HbA1c): Evalúan los niveles de azúcar en la sangre para detectar la diabetes preclínica o descontrolada, una condición asintomática que daña progresivamente las arterias.
  • Perfil lipídico: Determina los niveles de colesterol y triglicéridos, cuya acumulación progresiva en los vasos sanguíneos obstaculiza el flujo hacia el corazón o el cerebro.

A partir de estos indicadores, se  realiza el cálculo del riesgo cardiovascular, una estimación integral que permite determinar la probabilidad de que una persona sufra un infarto o un ACV, diseñando así una estrategia preventiva personalizada.

«Lo principal en salud cardiovascular es conocer el estado real de nuestros factores de riesgo. La única forma de saber si la presión, el azúcar o el colesterol están descontrolados es mediante estos chequeos periódicos. Integrar estos datos nos permite calcular el riesgo de cada paciente y actuar de forma temprana, antes de que ocurra un evento agudo», concluye el Dr. Francisco Pacheco.

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