La caída del IMACEC de julio merece atención, pero probablemente por una razón distinta de la que sugiere la cifra principal. El retroceso estuvo influido por factores de minería del cobre, mantenciones y condiciones climáticas que afectaron a otras actividades productivas. Sin embargo, la pregunta económica relevante es por qué la economía chilena sigue siendo vulnerable a interrupciones concentradas en unos pocos sectores.
Existe evidencia para pensar que una parte del resultado de julio debería revertirse en los próximos meses. El Banco Central identificó factores operacionales y climáticos detrás de la menor producción minera, mientras que algunas actividades de servicios también se vieron afectadas por suspensiones relacionadas a condiciones meteorológicas. Podría ser un error concluir, a partir de un mes, que la economía ingresó en una nueva fase recesiva. Pero sería igualmente equivocado interpretar el dato como un episodio aislado sin implicancias de fondo. Cuando se observa la evolución reciente, aparece una economía que alterna períodos de crecimiento y retrocesos sin lograr consolidar una trayectoria de expansión sostenida.
Por eso la señal de julio no viene de la minería. Proviene de la dificultad que muestra la economía para crear motores, suficientemente diversificados, de crecimiento. El debilitamiento del comercio mayorista vinculado a materiales de construcción y la persistencia de cifras de actividad moderadas, sugieren que la inversión continúa lejos de desempeñar el papel dinamizador que históricamente ha permitido sostener expansiones robustas. Si esa situación persiste, las consecuencias van más allá de la volatilidad estadística. Una economía con baja capacidad de expansión crea menos empleos, demora más en elevar salarios reales y ofrece menos incentivos para desarrollar nuevos proyectos. También limita el crecimiento de los ingresos fiscales necesarios para responder a demandas sociales. Ninguno de estos efectos ocurre de manera automática tras un mal IMACEC, pero sí son consecuencias habituales cuando una economía permanece durante años creciendo por debajo de su potencial.
De allí, en lugar de centrar la discusión en cada dato mensual, las urgencias deberían apuntar a reducir los obstáculos que frenan inversión y productividad. El país necesita agilizar la tramitación de proyectos sin bajar las exigencias regulatorias, coordinar a los organismos responsables de las autorizaciones y fortalecer infraestructura que conecta puertos, ciudades y centros productivos. También debe facilitar que empresas medianas y pequeñas incorporen nuevas tecnologías. A esto se suma la necesidad de aumentar la participación laboral, permitiendo que más personas puedan compatibilizar el trabajo con las responsabilidades de cuidado
La discusión que abre el IMACEC de julio, no trata exclusivamente sobre minería ni sobre clima. Trata sobre la capacidad de la economía para sostener el crecimiento cuando las condiciones dejan de ser favorables. Los factores transitorios pasarán. La verdadera prueba es si el país logra construir fuentes de expansión amplias, estables y resilientes. En esa respuesta se juega mucho más que el resultado de un mes.