El “18” llega con celebraciones, encuentros familiares y de amigos; sin embargo, pocas veces nos preguntamos cómo viven las infancias estas fechas, o qué necesitan de los adultos para disfrutarlas de forma segura y significativa. Los niños y niñas no son meros acompañantes de los mayores, sino que personas con necesidades emocionales y físicas que merecen atención.
En este contexto de festejos, vale la pena reflexionar respecto a las conductas de excesos reforzadas por el “espíritu patriótico”, que se asocia a comida típica y consumo de alcohol como una receta necesaria para el disfrute. Hoy la invitación es a ser conscientes de cómo estas acciones de exceso pueden significar un riesgo en la integridad emocional, psicológica o física de quienes dependen de personas que supuestamente deben velar por su cuidado y protección.
Los adultos deben lograr autorregularse y no exponer a sus hijos a situaciones de riesgo, donde la capacidad de tomar decisiones puede estar obnubilada por el consumo problemático de alcohol u otras drogas, exhibiendo conductas inadecuadas, violentas o temerarias que pueden generar miedo, vergüenza o sensación de vulnerabilidad. Es fundamental tener claro que todo lo mencionado puede afectar directamente el desarrollo de la dimensión afectiva de niños y niñas.
Las Fiestas Patrias son una gran oportunidad para construir memoria emocional, ya que los infantes no solo recordaran qué comieron o qué hicieron, sino también cómo se sintieron. Entonces, el desafío es crear espacios seguros, divertidos, de convivencia familiar, donde la armonía se encuentre presente y el bienestar de todos sea lo más importante.