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Sustentabilidad fuerte: la naturaleza como base del desarrollo. Por Cristian Echeverría Leal, Director de Sustentabilidad UdeC

Los equipos intervinieron el sector adyacente a la planta y al emisario, sumándose a una jornada territorial que permitió retirar más de una tonelada de residuos en la bahía de Quintero y Puchuncaví.

Se modernizaronsus 1.150 m², incorporando una nueva distribución de las áreas de entrenamiento, salas completamente renovadas, espacios de cowork y una infraestructura que eleva el estándar deportivo de la Región de Valparaíso.

Mesas y sillas plegables, bolsos para picnic, cocinillas y carpas forman parte de la propuesta de la marca, que también cuenta con un showroom en Quilpué para conocer sus productos de cerca.

Durante décadas, la sustentabilidad fue representada como un equilibrio entre tres dimensiones: ambiental, social y económica. Esa imagen tuvo el mérito de instalar el tema, pero hoy resulta insuficiente. La ciencia nos enfrenta a una realidad más exigente: la economía y la sociedad no existen al margen de la naturaleza. Dependen de ecosistemas funcionales, agua disponible, suelos vivos, biodiversidad y estabilidad climática.

Aquí aparece una distinción que puede parecer académica, pero que tiene profundas consecuencias para nuestras decisiones: la diferencia entre sustentabilidad débil y sustentabilidad fuerte. La primera supone que la pérdida de naturaleza puede, hasta cierto punto, compensarse mediante otras formas de capital: infraestructura, tecnología o recursos económicos. La sustentabilidad fuerte parte de una premisa distinta: existen componentes del capital natural que son críticos porque las funciones que sostienen no pueden ser reemplazadas una vez perdidas.

Un bosque nativo no es simplemente una superficie arbolada intercambiable por otra cobertura vegetal. Es hábitat, diversidad genética, regulación hídrica, almacenamiento de carbono, formación de suelo, regulación microclimática y memoria biocultural. Del mismo modo, un humedal no puede reducirse al valor del terreno que ocupa, ni una cuenca al volumen de agua que podemos extraer de ella. Cuando desaparecen determinadas estructuras y procesos ecológicos, también perdemos funciones esenciales para nuestra propia sociedad.

Por eso, la sustentabilidad fuerte cambia la pregunta. Ya no se trata solamente de cuánto impacto ambiental podemos mitigar o compensar, sino de qué componentes de la naturaleza debemos necesariamente conservar, restaurar y gestionar para mantener las condiciones que hacen posible nuestro bienestar y desarrollo.

Para una universidad, asumir esta realidad significa ir bastante más allá de reducir consumos, reciclar residuos o disminuir emisiones. Todas esas acciones son necesarias, pero la sustentabilidad universitaria del siglo XXI también debe preguntarse cómo formamos profesionales, qué investigamos, cómo planificamos nuestros territorios y cómo gestionamos el patrimonio natural que hemos recibido.

La Universidad de Concepción tiene una oportunidad extraordinaria en este ámbito. Su patrimonio no está constituido solamente por edificios, laboratorios, bibliotecas y obras culturales. También incluye bosques, agua, suelos, biodiversidad y ecosistemas que constituyen un verdadero patrimonio natural universitario. Reconocer ese patrimonio natural significa comprender que conservarlo no es inmovilizarlo: es generar conocimiento, formar estudiantes, restaurar ecosistemas degradados y demostrar nuevas maneras de relacionarnos con el territorio.

Campus Naturaleza UdeC surge precisamente desde esa convicción. En 186 hectáreas contiguas al Campus Concepción estamos impulsando la conservación de ecosistemas de alto valor, la recuperación de áreas degradadas, la investigación interdisciplinaria y una relación más estrecha entre naturaleza y bienestar humano. No buscamos simplemente crear un parque. Estamos transformando un territorio universitario en un laboratorio vivo donde podamos aprender, medir y demostrar que conservación, educación y desarrollo pueden formar parte de una misma estrategia.

La sustentabilidad fuerte, por tanto, no significa detener el desarrollo ni oponerse a la innovación. Significa reconocer que existe una base ecológica que hace posible ambas cosas. La tecnología puede ayudarnos a utilizar mejor los recursos, restaurar ecosistemas y tomar mejores decisiones, pero no puede sustituir todas las funciones de la naturaleza.

Quizás ese sea uno de los cambios culturales más importantes que necesitamos impulsar: dejar de entender la naturaleza como una dimensión que debe acomodarse al desarrollo y comenzar a reconocerla como la base que lo sostiene.

Para una universidad, asumir ese principio no es solamente una declaración ambiental. Es una decisión sobre qué futuro queremos ayudar a construir.

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