Cuando se habla de listas de espera en la salud pública, la discusión suele centrarse en la falta de especialistas, pabellones o infraestructura. Sin embargo, también hay que mirar cómo funcionan los procesos dentro de los hospitales y cuánto tiempo se pierde entre una tarea y otra.
Una cama no queda disponible para otro paciente apenas se produce el alta. Antes deben completarse trámites administrativos, traslados, labores de aseo y preparación de la habitación. Cuando estas tareas no se coordinan a tiempo, las demoras se acumulan y afectan la capacidad de atención.
Una medición realizada por Orquestra entre abril y julio de este año en dos hospitales públicos mostró que el ciclo, desde que se programa el alta del paciente hasta que la cama queda lista para el siguiente paciente, tomó en promedio 6 horas y 36 minutos en uno de los recintos y 5 horas y 47 minutos en el otro. En uno de ellos, el 52% del tiempo de espera ocurrió después del alta clínica.
Muchas de estas demoras no responden necesariamente a la falta de recursos, sino a dificultades para coordinar las distintas etapas del proceso. Tener claridad sobre dónde se producen las esperas permite identificar qué ajustes se pueden hacer para agilizar el trabajo, sin perder de vista que cada hospital enfrenta necesidades y condiciones distintas.
Al 30 de junio de 2026, más de 412 mil casos esperaban una intervención quirúrgica No GES en el sistema público, según la Subsecretaría de Redes Asistenciales. Cuando una cama tarda en liberarse, también puede postergarse una cirugía programada. Frente a esta realidad, ampliar la capacidad de atención es importante, pero también lo es aprovechar mejor los recursos disponibles.
Las listas de espera tienen múltiples causas y no existe una solución única. Sin embargo, revisar cómo funcionan los procesos cotidianos de los hospitales puede contribuir a reducir demoras evitables. Para mejorar la atención, también es necesario entender qué ocurre entre el alta de un paciente y la llegada del siguiente.