Hoy, la mitad de las casas y departamentos del país tiene contribuciones impagas. Según la Tesorería, a junio el 50,5% de las propiedades estaba atrasado en el pago, un nivel superior al de la pandemia, y la deuda acumulada ya bordea los US$ 480 millones.
No es porque la gente no quiera pagar. Las contribuciones se calculan según el valor fiscal de la propiedad, no según lo que gana su dueño, y han subido más rápido que los sueldos en un momento de alto desempleo. Además, a diferencia de la luz o el agua, no pagarlas no tiene consecuencias inmediatas, así que suele ser lo primero que se posterga.
Pero postergar tiene un costo: la deuda sigue creciendo con intereses y multas, y con el tiempo puede terminar en cobranza. Tampoco sirve esperar la exención para adultos mayores, porque no es retroactiva y no borra lo que ya se debe.
Hoy hay una oportunidad concreta. La nueva Ley de Reconstrucción permite a personas y pymes con deudas de contribuciones vencidas hasta fines de 2025 ponerse al día con grandes rebajas. Quien paga al contado se libera del 100% de los intereses y del 80% de las multas. También se puede pagar en hasta 48 cuotas, con rebajas similares. El plazo es de 180 días desde la publicación de la ley y no se puede extender. Y ojo: si se deja de pagar una sola cuota, se pierde el beneficio.
Con una nueva cuota de contribuciones en noviembre, lo recomendable es informarse a tiempo y evaluar con realismo cuánto se puede pagar antes de firmar. Actuar a tiempo marca la diferencia entre un problema manejable y uno que se agranda.