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Hantavirus: una enfermedad latente que vuelve preocupar

La académica Gemma Rojo releva la importancia del autocuidado frente a cuadros virales más complejos como los asociados a la variante Andes del Hantavirus, a propósito del crucero donde siete personas se vieron infectadas.

Parecía un viaje de ensueño por el sur del continente americano, pero terminó en tragedia y preocupación. El crucero de la empresa Oceanwide Expeditions, que zarpó desde Ushuaia, en Argentina, y que al parecer realizó algunas paradas para hacer caminatas en el sur de ese país, culminó con siete casos de Hantavirus, dos confirmados por laboratorio y otros cinco sospechosos, de los cuales tres ya se encuentran fallecidos.

Mientras el barco está aislado en el Atlántico, a modo de cuarentena, surge nuevamente la preocupación frente a este virus que no debe entenderse solo como un problema sanitario aislado.

Una de las inquietudes que deja este caso en particular es la confirmación de la variante Andes del hantavirus, una cepa presente en Chile y Argentina que es prácticamente la única conocida con capacidad de transmisión de persona a persona en contactos estrechos.

Para la Dra. Gemma Rojo, académica del Instituto de Ciencias Agroalimentarias, Animales y Ambientales (ICA3) de la Universidad de O’Higgins (UOH), la principal vía de contagio sigue siendo la exposición ambiental a secreciones de roedores infectados. “En el caso del virus Andes, que circula en Chile y Argentina, se ha descrito transmisión persona a persona, pero esta es poco frecuente y se asocia principalmente a contacto estrecho con personas enfermas. Por lo tanto, el mensaje debe ser equilibrado: no generar miedo innecesario, pero sí reforzar la consulta temprana ante síntomas compatibles, especialmente si hubo exposición reciente en zonas rurales, silvestres o en espacios cerrados con posible presencia de roedores”, explica la experta.

Un enemigo silencioso

La médica veterinaria e investigadora en enfermedades zoonóticas, fauna silvestre y enfoque One Health, cree que el hantavirus debe abordarse desde la prevención y no desde el alarmismo. “Mi participación como coinvestigadora en el proyecto Fondecyt Regular 1230457, liderado por el Dr. André Rubio de la Universidad de Chile, ha reforzado mi mirada sobre la ecología de roedores y la importancia de comprender las enfermedades zoonóticas en relación con el ambiente y las actividades humanas”, señala.

Agrega que, en Chile, el hantavirus se asocia principalmente al contacto con el ratón colilargo (Oligoryzomys longicaudatus) o con ambientes contaminados por sus secreciones, como orina, fecas o saliva. “Sin embargo, es importante no reducir el problema a la idea de que ‘el ratón llega a las personas’. Muchas veces somos las personas quienes ingresamos, habitamos o intervenimos ambientes rurales, silvestres o peridomésticos donde estos animales forman parte del ecosistema. Esto puede ocurrir al entrar a cabañas, bodegas, galpones, leñeras, zonas de camping o espacios que han permanecido cerrados y sin ventilación”, detalla la académica.

Desde una mirada ecosistémica, la investigadora explica que el riesgo no depende solo de la presencia del reservorio, sino también de las condiciones ambientales y humanas que aumentan las oportunidades de contacto. Por eso pone énfasis en los cambios en el uso del suelo, la fragmentación de hábitats, el manejo inadecuado de residuos, el almacenamiento de alimentos y la ocupación de espacios rurales o silvestres, ya que todo ello puede modificar la interacción entre personas, fauna silvestre y ambiente. “Por eso, la prevención efectiva no consiste en demonizar a la fauna silvestre, sino en reducir las oportunidades de exposición”, puntualiza.

Recomendaciones

Gemma Rojo indica que las recomendaciones del Ministerio de Salud son muy concretas y siguen siendo fundamentales: “se debe ventilar por al menos 30 minutos recintos que han estado cerrados, no hay que barrer en seco, es necesario desinfectar superficies antes de limpiar, además de usar guantes y mascarilla durante el proceso de limpieza, y mantener alimentos y basura fuera del alcance de los roedores. Además, es conveniente preferir campings autorizados, transitar por senderos demarcados y evitar consumir frutos silvestres desde el suelo o sin lavar”.

La académica destaca que es relevante transmitir que la fauna silvestre cumple funciones ecológicas importantes. “Los roedores silvestres son parte de los ecosistemas y -a su vez- forman parte de redes tróficas donde participan depredadores naturales como aves rapaces, zorros y otros carnívoros. Por eso, desde el enfoque One Health, la prevención debe integrar salud humana, salud animal y ambiente, promoviendo educación comunitaria, manejo responsable del territorio y conservación de ecosistemas funcionales”.

Para la experta UOH la clave está en prevenir desde la información. “El hantavirus no debe entenderse solo como un problema sanitario aislado, sino como una enfermedad que emerge en la interfaz entre personas, fauna silvestre y ambiente. Esa mirada permite comunicar mejor el riesgo, fortalecer la vigilancia y promover conductas preventivas sin estigmatizar a la fauna ni simplificar un fenómeno que es ecológicamente complejo”, finaliza.

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