● Distintas estimaciones clínicas en Chile apuntan a que la incontinencia urinaria podría afectar a más del 60% de las mujeres mayores de 30 años, mientras que a nivel mundial entre un 25% y un 50% sufrirá alguna alteración del piso pélvico durante su vida. Pese a las cifras, la mayoría no consulta. La vergüenza y el desconocimiento siguen siendo las principales barreras.
La incontinencia urinaria, el dolor pélvico crónico, los prolapsos y las disfunciones sexuales son condiciones que afectan a millones de mujeres en Chile, pero que raramente llegan a una consulta médica. La vergüenza, la normalización de los síntomas y el desconocimiento sobre qué especialista puede tratar estas dolencias mantienen a gran parte de las afectadas sin diagnóstico ni tratamiento.
En Chile, además, el envejecimiento de la población, el aumento del sedentarismo y los cambios en los hábitos de vida han contribuido a que estas patologías sean cada vez más frecuentes, pero no necesariamente más diagnosticadas.
Los números son elocuentes. Distintas estimaciones clínicas en el país apuntan a una prevalencia de incontinencia urinaria que podría alcanzar hasta un 62% en mujeres mayores de 30 años. A nivel internacional, en tanto, se estima que entre un 25% y un 50% de las mujeres experimentará algún tipo de alteración del piso pélvico a lo largo de su vida. Y aunque la condición afecta principalmente a mujeres, los hombres también pueden presentar este tipo de disfunciones.
Romina Cortínez, kinesióloga especialista en piso pélvico de Clínica CRL, trabaja a diario con pacientes que llegan tarde, cuando los síntomas ya llevan años instalados. A su juicio, el problema tiene dos raíces: la falta de información sobre qué es el piso pélvico y el estigma que rodea a las afecciones de esa zona.
El mito de que hacer ejercicio protege
Uno de los errores más frecuentes es creer que mantenerse activa físicamente es suficiente para proteger el piso pélvico. Sin embargo, la evidencia clínica muestra que no necesariamente es así.
“Muchas mujeres que entrenan constantemente no son conscientes de que la musculatura del piso pélvico debe ser integrada a su rutina. Durante el ejercicio, esta zona recibe fuerzas mecánicas de impacto y presión. Si además existen factores predisponentes como embarazo, estreñimiento, menopausia o sobrepeso, el riesgo aumenta”, explica la especialista.
De hecho, es frecuente ver mujeres jóvenes, activas y deportistas que presentan escapes de orina al entrenar, lo que demuestra que no se trata de un problema exclusivo de la edad o el postparto.
La clave está en aprender a coordinar la carga de peso con la respiración y la activación de la musculatura profunda del abdomen y la pelvis. Sin esa coordinación, las presiones intraabdominales sobrecargan la zona que sostiene los órganos pélvicos.
Ocho horas sentada también pasan la cuenta
El sedentarismo y la mala postura no son factores menores. Permanecer largas jornadas sentada, especialmente con mala higiene postural, puede generar una sobrecarga progresiva en los tejidos de la base de la pelvis.
“Estar muchas horas sentada aumenta la presión sobre los tejidos y puede afectar su función de soporte. Por eso es fundamental incorporar pausas activas, ponerse de pie, caminar o estirar durante la jornada”, agrega.
Kegel no es la solución universal
Los ejercicios de Kegel son probablemente lo primero que viene a la mente cuando se habla de fortalecer el piso pélvico. Si bien pueden ser útiles para tomar conciencia de esta musculatura, no son una solución para todos los casos.
“El simple contraer y relajar está lejos de resolver todos los problemas. Hay personas que tienen hipertonía, es decir, exceso de tensión en la zona, y hacer Kegel puede incluso empeorar los síntomas. El tratamiento debe ser individualizado, supervisado e integral”, advierte.
Por eso, el primer paso siempre es una evaluación con un especialista, que permita definir un tratamiento adecuado según cada caso.
Postparto: el error de volver a entrenar antes de tiempo
El embarazo y el parto —ya sea vaginal o por cesárea— implican una alta exigencia para el piso pélvico. Son procesos que generan cambios estructurales que requieren una recuperación específica.
Retomar actividades de impacto como trotar o saltar sin una rehabilitación adecuada puede tener consecuencias a largo plazo. “Si no hay rehabilitación postparto y se vuelve a entrenar sin preparación, pueden aparecer molestias que incluso impidan seguir haciendo actividad física en el tiempo”, advierte.
El estreñimiento crónico, un factor poco visible
Uno de los factores menos asociados a estas disfunciones es el estreñimiento. El esfuerzo constante al evacuar genera presión sobre los órganos pélvicos y, con el tiempo, puede debilitar los tejidos de soporte.
Qué se puede hacer desde ya
Más allá del tratamiento, existen hábitos cotidianos que pueden ayudar a cuidar el piso pélvico. Entre ellos, incorporar movilidad de caderas, ejercicios de coordinación entre respiración y musculatura profunda, mantener una dieta rica en fibra para prevenir el estreñimiento y evitar permanecer largas horas sentada o en malas posturas.
Las principales señales de alerta que justifican consultar son la pérdida de orina al toser, reír o hacer ejercicio; sensación de peso o presión en la zona pélvica; dolor durante las relaciones sexuales; dificultad para controlar gases o deposiciones; o dolor pélvico persistente.