El nuevo Directorio de Codelco asume en uno de los momentos más exigentes que ha enfrentado la compañía en décadas.
La producción está muy por debajo del potencial real de los yacimientos, los costos siguen presionados, los proyectos estructurales acumulan retrasos relevantes y la deuda financiera ya condiciona decisiones estratégicas. Frente a ese cuadro, la primera tarea no es anunciar una refundación, sino restablecer una disciplina básica que se ha ido debilitando.
Codelco necesita volver a poner en el centro lo que nunca debió perder, esto es, seguridad, continuidad operacional, mantenimiento riguroso, control de costos y cumplimiento sistemático de metas. La excelencia operacional es el piso sobre el que se construye todo lo demás.
En complemento con lo anterior, especial atención requerirán los proyectos estructurales, los que definirán la trayectoria productiva de la compañía durante las próximas dos décadas. No hay margen para gobernanzas difusas. Requieren control técnico real, plazos defendibles, presupuestos que se respeten, gestión profesional de riesgos y rendición de cuentas periódicas. Aquí se juega buena parte de la credibilidad futura de Codelco como operador minero de clase mundial.
En paralelo, el Directorio tiene que asumirse a sí mismo con el estándar que exige la empresa más importante del Estado. Eso parte por un principio elemental de gobierno corporativo.
El Directorio es contraparte del equipo ejecutivo, no su prolongación. Su rol es fijar dirección estratégica, exigir información de calidad, cuestionar supuestos y decidir con criterio propio. Cuando se confunde con la administración, deja de cumplir su función y la compañía pierde uno de sus controles más importantes. Codelco necesita recuperar esa separación de roles, sin ser juez y parte, y actuar con independencia frente a ciclos políticos y presiones de corto plazo.
La sostenibilidad financiera es la otra cara de esta misma disciplina. Codelco debe cuidar la caja, priorizar inversiones por su retorno real, gestionar activamente la deuda (opcionalmente con venta de activos no estratégicos) y recuperar márgenes vía productividad. La compañía aporta al desarrollo de Chile en la medida en que genera valor. Cuando deja de hacerlo, ese aporte se transforma en una promesa que el resto del país termina financiando.
Codelco necesita retomar la ambición estratégica, disciplina empresarial y vocación de liderazgo mundial. Sin perjuicio de ello, la corporación sigue siendo un activo fundamental para Chile, y como tal, el nuevo directorio deberá dar las directrices correctas para revertir la actual condición productiva y económica de la compañía, en beneficio de todo nuestro país.