El 11 de mayo se conmemoró el Día del Estudiante en Chile, fecha que estuvo plagada de discursos y actos para celebrar a los alumnos por su rol como aprendices, tal vez idealizando su imagen, asociándola a antaño, ya que hoy estos enfrentan muchos más desafíos que solo aprender.
En primer lugar, la crisis socioemocional, donde los índices de ansiedad, depresión y agotamiento crónicos en los jóvenes se han disparado luego de la pandemia. Falta de sueño, problemas familiares, conflictos en la convivencia educativa y el acoso escolar, son realidades que afectan a los alumnos y que invitan a las comunidades educativas a priorizar por sobre el rendimiento, dado que no existen mejoras académicas si los estudiantes no tienen las condiciones necesarias.
Un segundo gran desafío es la relación que los jóvenes tienen con las pantallas y redes sociales: TikTok, Instagram, YouTube, videojuegos en línea, los cuales no se pueden mirar solo como una distracción, ya que son parte de la forma en que construyen su identidad, se relacionan, buscan pertenencia y expresan su sentir. Esto es parte de un mundo que hoy está altamente tecnologizado, lo que requiere que las familias comprendan las lógicas y así regular su uso.
Un tercer reto es la irrupción de la inteligencia artificial generativa, la cual los estudiantes hoy usan para estudiar, resolver tareas y para fines personales. Más que discutir en torno a si se debe prohibir o aceptar, se debe preparar a los estudiantes desde una mirada ética. La IA ya es el futuro, por lo tanto, su conocimiento es clave para el aprendizaje y también para el mundo laboral; pero se requiere de enfoques educativos que sean capaces de evitar que los alumnos deleguen sus responsabilidades académicas en ellas, ya que, en caso contrario, no podrán desarrollar las habilidades que se requieren para desenvolverse en sociedad.
Conmemorar este día también debe invitar a considerar estas realidades como parte de los desafíos que hoy enfrentan los jóvenes. Se trata de una generación hiperconectada, pero solitaria, creativa pero pasiva, crítica, pero con cierta desorientación, por lo cual es esencial, tanto en el seno familiar como en la política pública, apuntar a comprender y atender al estudiante real más que el estudiante ideal.