Uno de los puntos relevantes de la Cuenta Pública fue el impulso a la Ley de Transferencia de Tecnología y Conocimiento, junto con el foco en la infraestructura necesaria para la economía de la inteligencia artificial: capacidad de cómputo, energía competitiva, conectividad, centros de datos y talento especializado.
La señal es clara. Chile no puede limitarse a consumir tecnología desarrollada en otros mercados. Si quiere capturar valor en las cadenas tecnológicas del futuro, debe fortalecer sus capacidades para diseñar, implementar y escalar soluciones desde el país.
Pero ese desafío no se resuelve solo con infraestructura o inversión. La inteligencia artificial requiere profesionales capaces de transformar datos en decisiones, automatizar procesos, desarrollar sistemas seguros y adaptar las tecnologías a problemas reales de empresas e instituciones.
Hoy el talento tecnológico es una pieza central de cualquier estrategia de innovación. Sin especialistas en desarrollo, datos, ciberseguridad, arquitectura cloud, automatización e inteligencia artificial, las herramientas pierden impacto y las inversiones se vuelven difíciles de escalar.
Por eso, la discusión sobre IA debe incorporar con más fuerza la formación, atracción y reconversión de talento. La transferencia tecnológica no ocurre únicamente desde laboratorios o centros de investigación; también ocurre dentro de las organizaciones, cuando existen equipos preparados para llevar esas capacidades a la práctica.
El futuro tecnológico de Chile dependerá de su infraestructura, pero también de las personas capaces de hacerla funcionar.