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Lo mejor del deporte ocurre fuera del podio. Por Miguel Ángel Mujica, presidente del Comité Olímpico de Chile

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Cada vez que un deportista chileno sube a un podio, millones de personas celebramos ese logro con gran alegría. Y está bien que así sea. Los triunfos inspiran, emocionan y nos recuerdan hasta dónde puede llegar una persona cuando combina talento, esfuerzo y perseverancia.

Sin embargo, en el marco del Día Olímpico vale la pena detenerse en algo que a veces pasa inadvertido: lo mejor del deporte no siempre ocurre bajo los reflectores.

Ocurre cuando un niño o una niña descubre una disciplina que lo apasiona. Cuando alguien se atreve a participar por primera vez en una corrida, una cicletada o una actividad en su barrio. Cuando un grupo de amigos encuentra en el deporte una forma de reunirse. Cuando una familia comparte tiempo de calidad lejos de las pantallas. O cuando una persona comprende que es capaz de llegar más lejos de lo que imaginaba.

Esas historias rara vez ocupan titulares. No entregan medallas ni récords. Pero son las que sostienen el verdadero valor del deporte.

El movimiento olímpico nació hace más de un siglo inspirado en una convicción simple y vigente: que el deporte puede contribuir a construir una mejor sociedad. No porque todos deban convertirse en atletas de alto rendimiento, sino porque la actividad física tiene la capacidad de generar bienestar, confianza, respeto y sentido de comunidad.

En Chile lo vemos todos los días. Lo vemos en clubes, colegios, organizaciones deportivas y espacios públicos donde miles de personas encuentran en el deporte una oportunidad para crecer, compartir y sentirse parte de algo más grande.

Por eso, el Día Olímpico es mucho más que una fecha en el calendario. Es una invitación a recordar que el deporte pertenece a todos. A quienes compiten, por supuesto, pero también a quienes recién comienzan, a quienes vuelven después de mucho tiempo y a quienes simplemente encuentran en el movimiento una forma de disfrutar la vida.

Porque las medallas quedan en la historia. Pero muchas veces, lo que realmente transforma una vida ocurre mucho antes de llegar al podio.

 

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