La decisión de Estados Unidos de aplicar una sobretasa arancelaria del 12,5% a parte de las exportaciones chilenas trasciende el debate sobre un porcentaje más o un porcentaje menos. Lo realmente relevante es que vuelve a poner en evidencia una vulnerabilidad que Chile conoce hace tiempo: la dependencia de mercados específicos para sectores estratégicos de su economía.
Si bien la medida afecta a decenas de países y responde a una política comercial más amplia de la administración estadounidense, su impacto no será uniforme. Los sectores más expuestos son precisamente aquellos con mayor generación de empleo y valor agregado, como la salmonicultura, la fruticultura, la industria del vino y las manufacturas de madera. En todos ellos, Estados Unidos representa un mercado clave, por lo que un mayor costo de ingreso reduce competitividad, presiona los márgenes y puede repercutir en toda la cadena productiva.
En contraste, los principales productos mineros —como el cobre, el litio y la celulosa— quedaron excluidos de la sobretasa. Esto atenúa el impacto macroeconómico y evita una caída significativa en los ingresos por exportaciones. Sin embargo, también deja una enseñanza: la fortaleza de la economía chilena sigue descansando en un reducido grupo de productos primarios, mientras que las actividades con mayor capacidad para generar empleo son las que enfrentan una mayor exposición frente a cambios en las reglas del comercio internacional.
Más allá de la discusión sobre los fundamentos de la medida, este episodio demuestra que incluso los tratados de libre comercio ofrecen márgenes limitados cuando las grandes potencias redefinen sus prioridades estratégicas. La estabilidad comercial ya no depende únicamente de los acuerdos firmados, sino también del contexto geopolítico y de las decisiones unilaterales que pueden adoptar los principales socios comerciales.
Este episodio también obliga a revisar la estrategia exportadora del país. Durante décadas, Chile apostó con éxito por abrir mercados mediante una amplia red de tratados comerciales. Sin embargo, el contexto internacional ha cambiado. Hoy, además de los acuerdos, cobran cada vez más importancia factores como la geopolítica, la seguridad económica y las decisiones unilaterales de las grandes potencias. En ese escenario, contar con acceso preferencial ya no garantiza estabilidad ni competitividad permanente.
Por ello, la respuesta no debería limitarse a gestionar excepciones o negociar rebajas arancelarias. También exige avanzar en una estrategia de diversificación de mercados y fortalecer la competitividad de los sectores exportadores. Depender excesivamente de un solo destino aumenta la vulnerabilidad frente a decisiones que escapan al control del país.
Chile mantiene ventajas comparativas relevantes, una red de acuerdos comerciales consolidada y una reputación internacional como proveedor confiable. Sin embargo, el escenario global se ha vuelto más incierto y competitivo. En este contexto, la resiliencia no dependerá solo de exportar más, sino de exportar mejor, llegar a nuevos mercados y reducir la exposición a cambios que pueden modificar las condiciones del comercio internacional de un día para otro.