Con 36 años de trayectoria, el director del Liceo de Adultos Herbert Vargas Wallis fue reconocido por su liderazgo en un establecimiento que entrega educación básica y media a más 700 personas privadas de libertad.
En las calles 5, 7, 9 y 13 del Centro de Detención Preventiva Santiago Sur, conocido como la Penitenciaría de Santiago, funciona una escuela distinta a cualquier otra. Allí, cerca de 750 personas privadas de libertad asisten diariamente a clases para aprender a leer y escribir, completar su enseñanza básica o media, capacitarse en un oficio e incluso prepararse para rendir la PAES.
Al frente de esa comunidad educativa está Cristián Araya, director del Liceo de Adultos Herbert Vargas Wallis, quien fue seleccionado como finalista de los Premios LED 2026, reconocimiento que distingue a líderes educativos por su trayectoria, compromiso e impacto en sus comunidades.
Con 36 años de trayectoria profesional y 18 trabajando en educación penitenciaria, Araya llegó a esta instancia luego de un proceso que comenzó con más de 1.200 postulaciones y que seleccionó a cerca de 60 finalistas.
Para el director, alcanzar esta instancia ya representa un importante reconocimiento a la labor que realizan diariamente los equipos educativos al interior de los recintos penitenciarios. “Este reconocimiento también pertenece a los profesores y profesionales que trabajan conmigo, y a todos quienes desarrollan su labor en contextos educativos complejos”, comenta.
Recuperar la esperanza
El Liceo Herbert Vargas Wallis actualmente cuenta con cerca de 750 estudiantes distribuidos en 34 cursos y su matrícula equivale aproximadamente al 15% de la población del recinto penitenciario. Uno de sus principales desafíos es la alfabetización. De acuerdo con el director, cerca de 120 alumnos ingresan al establecimiento sin saber leer, por lo que una parte importante del trabajo pedagógico se concentra en entregar herramientas básicas que les permitan avanzar en sus trayectorias educativas.
“Para nosotros todos son estudiantes. No preguntamos qué delito cometieron, porque nuestra tarea es educar y entregar nuevas oportunidades”, explica.
Muchos de los estudiantes permanecieron durante años alejados del sistema escolar o nunca tuvieron acceso a una educación adecuada. En ese contexto, el liceo cumple un rol fundamental en su reescolarización y en la recuperación de la confianza en sus propias capacidades.
Humanizar un espacio complejo
Durante sus 36 años de servicio, el director ha guiado su trabajo bajo una premisa que resume los desafíos de la educación penitenciaria en donde ya cumple 18 años: “Se comienza por hacer lo necesario, luego se hace lo posible y, al final, terminamos haciendo lo imposible”.
A su juicio, uno de los principales objetivos de la comunidad educativa es contribuir a humanizar un espacio complejo como la cárcel, mediante la educación, el acompañamiento y la generación de nuevas oportunidades.
Los docentes deben desarrollar su labor bajo diversas restricciones propias del sistema penitenciario, lo que requiere altos niveles de compromiso, adaptación y vocación social.
El director destaca que las universidades no siempre preparan a los futuros profesores para desempeñarse en este tipo de contextos. Sin embargo, varios docentes jóvenes llegan al liceo para realizar sus prácticas profesionales y luego deciden permanecer en el establecimiento, motivados por el impacto que genera su trabajo.
Crecimiento de la comunidad educativa
Desde la llegada del actual director al establecimiento, en 2008, el equipo profesional experimentó un importante crecimiento. En ese momento, el liceo contaba con cerca de 13 funcionarios, mientras que actualmente reúne aproximadamente a 50 profesionales.
Este desarrollo ha permitido ampliar la cobertura educativa, fortalecer el trabajo de alfabetización y acompañar a un mayor número de personas privadas de libertad en sus procesos de aprendizaje.
“Volvemos a escolarizar a personas que nunca tuvieron esa oportunidad o que dejaron de estudiar hace mucho tiempo. A través de la educación pueden recuperar la confianza, aprender nuevas habilidades y volver a creer que una transformación es posible”, concluye.
Durante 2025, estudiantes participaron en la producción del cuarto disco “Calle Cárcel IV – El Carro 2”, difundido en plataformas de streaming; desarrollaron el pódcast “Voces migrantes en busca de la libertad”; uno de sus estudiantes publicó un libro autobiográfico y se reinauguró la Biblioteca Jorge Peña Hen en uno de los sectores del recinto.
Además, existen talleres de teatro, música, artes visuales, cine, escritura y coparentalidad, este último orientado a fortalecer vínculos familiares que muchas veces se debilitan producto de la privación de libertad.
El establecimiento mantiene también alianzas con universidades y organizaciones externas. La Universidad de Chile, la UMCE, la Universidad Católica Silva Henríquez, la Universidad Bernardo O’Higgins y la Universidad San Sebastián participan en distintas iniciativas de capacitación, prácticas profesionales y apoyo educativo. Incluso existe una colaboración con la Universidad de Groninga, de Países Bajos, para investigar el impacto de la lectura en personas privadas de libertad.