Especialistas en fonoaudiología destacan que las oportunidades de conversar, jugar y relacionarse con otros niños no solo favorecen las habilidades sociales, sino que también pueden contribuir al desarrollo del lenguaje durante la etapa preescolar.
La interacción con otros niños cumple un papel relevante en el desarrollo del lenguaje durante la primera infancia. Así lo muestran distintas investigaciones que han analizado cómo las habilidades lingüísticas de los pares pueden relacionarse con el desarrollo comunicativo de niños y niñas en edad preescolar.
Uno de estos estudios, publicado en Child Development, analizó a 1.812 niños de cuatro años pertenecientes a 453 salas de preescolar, encontrando evidencia de que las habilidades lingüísticas de los compañeros se relacionan con el desarrollo del lenguaje receptivo y expresivo de los niños.
Otra investigación, que consideró a 338 niños de 49 salas preescolares, encontró que las habilidades lingüísticas de los pares estaban relacionadas con el crecimiento del lenguaje durante el año escolar, especialmente entre aquellos niños que inicialmente presentaban habilidades lingüísticas más bajas.
A esto se suma una investigación longitudinal que identificó que el vocabulario y las habilidades de comunicación social durante la etapa preescolar podían predecir posteriormente un mejor desempeño en lectura y matemáticas.
Para los especialistas, estos antecedentes muestran que el desarrollo del lenguaje no ocurre únicamente a través del aprendizaje de palabras o de instancias educativas formales, sino también mediante las experiencias cotidianas de interacción con otras personas.
HABLAR Y COMUNICARSE NO SON LO MISMO
Desde la fonoaudiología llaman a prestar atención a las distintas habilidades que intervienen en una comunicación efectiva. Un niño puede contar con un vocabulario adecuado y expresarse correctamente, pero presentar dificultades al momento de utilizar esas habilidades en situaciones sociales.
“Desde la fonoaudiología observamos niños que pueden tener un vocabulario adecuado o expresarse correctamente, pero presentan dificultades al momento de utilizar esas habilidades en situaciones sociales: iniciar o mantener una conversación, respetar turnos, interpretar señales no verbales, adaptar lo que dicen según el contexto o resolver verbalmente un desacuerdo con otro niño. Esto nos recuerda que hablar y comunicarse no son exactamente lo mismo”, explica Camila Aguilera, fonoaudióloga y gerente de Reclutamiento de BMR Health Services [1].
Conversar, jugar, compartir experiencias, negociar reglas o resolver un desacuerdo son situaciones en las que los niños ponen en práctica distintas competencias comunicativas. En estos espacios aprenden a expresar ideas, comprender diferentes puntos de vista, respetar turnos, interpretar gestos y expresiones, y adaptar su comunicación según el contexto.
Estas habilidades también se relacionan con la manera en que los niños participan en el entorno escolar y social, por lo que generar oportunidades de interacción puede contribuir a su desarrollo integral.
¿QUÉ SEÑALES DEBERÍAN OBSERVAR PADRES Y PROFESORES?
Si bien una dificultad aislada no necesariamente implica la existencia de un trastorno y siempre debe considerarse la edad y el desarrollo individual de cada niño, existen algunas situaciones que pueden requerir mayor atención cuando son persistentes o interfieren en la vida escolar o social.
Entre ellas se encuentran las dificultades para iniciar o mantener conversaciones acordes a la edad; problemas para comprender o respetar los turnos conversacionales; dificultad para interpretar gestos, expresiones o claves sociales; problemas para integrarse a juegos grupales o comprender sus reglas; dificultad para expresar necesidades y emociones; y frustración o evitación frecuente frente a situaciones comunicativas.
Ante este tipo de señales, se recomienda observar su frecuencia y el impacto que tienen en la vida cotidiana del niño. Cuando estas dificultades persisten, consultar con un profesional permite evaluar el desarrollo comunicativo de manera individual.
EL ROL DE LA FAMILIA Y LA ESCUELA
La familia, los establecimientos educacionales y la comunidad cumplen un papel importante en la generación de estos espacios de interacción.
Actividades cotidianas como compartir una comida sin interrupciones, incentivar el juego colaborativo, leer en conjunto o conversar sobre lo ocurrido durante el día pueden convertirse en oportunidades para fortalecer el lenguaje y las habilidades comunicativas.
La invitación de los especialistas es a entender la socialización como parte del desarrollo y no únicamente como una instancia recreativa. Jugar, conversar y relacionarse con otros niños también permite poner en práctica habilidades que acompañarán a niños y niñas durante su trayectoria escolar y en sus futuras relaciones sociales.