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¿Llegas del trabajo sin energía para hacer nada? Las señales de que el agotamiento está invadiendo tu vida personal

.La nutrióloga Catalina Fullerton propone hábitos concretos y sostenibles para incorporar el autocuidado a la rutina diaria. La iniciativa Vive Ligero, del laboratorio Novo Nordisk, invita a dejar de aplazar el cuidado de la salud con herramientas para abordar el sobrepeso y la obesidad

La alianza busca transformar relaves, silicato de hierro y escombros mineros en insumos para infraestructura pública, generando las condiciones técnicas y regulatorias para escalar la economía circular y reducir la huella ambiental del desarrollo de obras en Chile.

Dejar de cocinar, postergar el autocuidado, abandonar panoramas o utilizar el tiempo libre únicamente para recuperarse y volver a trabajar pueden indicar que el cansancio dejó de ser algo transitorio. Académica de Terapia Ocupacional de la Universidad Andrés Bello explica cómo reconocer cuando el trabajo comienza a desplazar otras áreas de la vida y qué hacer para recuperar el equilibrio.

Llegar cansado después de una jornada laboral exigente es habitual. El problema aparece cuando descansar deja de ser suficiente y la falta de energía comienza a repetirse día tras día, afectando actividades que antes formaban parte naturalmente de nuestra rutina.

Paulina Fermandois, académica de Terapia Ocupacional de la Universidad Andrés Bello, explica que una de las primeras señales aparece precisamente después del trabajo: la persona llega a casa sin energía física o mental para hacer aquello que necesita o quiere hacer.

«Cuando una persona trabaja no es solamente trabajadora. También puede participar de una vida familiar, tener intereses que quiere desarrollar durante su tiempo de ocio, responsabilidades domésticas y necesidad de descansar», explica.

Algunas personas, por ejemplo, dejan de cocinar porque hacerlo resulta abrumador, postergan actividades básicas de autocuidado, reducen sus encuentros sociales o abandonan hobbies y panoramas que antes disfrutaban. En otros casos, la jornada termina oficialmente, pero se continúa trabajando desde casa o la mente permanece concentrada en pendientes y obligaciones laborales.

«Muchas veces se continúa haciendo todo aquello que ‘se debe hacer’ y comienza a desaparecer ‘lo que queremos hacer’«, señala Fermandois.

Cumplir con todo no significa necesariamente estar bien

Una característica que puede dificultar reconocer el problema es que la persona puede seguir siendo funcional ante los demás: continúa trabajando, cumpliendo tareas y respondiendo a sus responsabilidades, aunque gran parte de su energía esté destinada exclusivamente a sostener ese rol.

Como consecuencia, comienzan a quedar relegadas las relaciones familiares y sociales, el ocio, el autocuidado y aquellas actividades que resultan significativas o placenteras.

Incluso el descanso puede cambiar de sentido. En lugar de permitir desconectarse y recuperar bienestar, el tiempo libre comienza a utilizarse exclusivamente para recargar la energía necesaria para volver a trabajar al día siguiente.

«Eso no necesariamente conduce a una vida equilibrada entre el deber hacer y el querer hacer», advierte la académica.

Recuperar energía no significa sumar más obligaciones

Ante el agotamiento, recomendaciones como hacer ejercicio, meditar o comenzar una nueva actividad pueden parecer una solución. Sin embargo, Fermandois advierte que agregar obligaciones de autocuidado a una rutina que ya está sobrecargada no necesariamente ayudará.

Desde Terapia Ocupacional, recomienda primero observar cómo está organizada la vida cotidiana e identificar qué actividades consumen energía y cuáles permiten recuperarla. Para algunas personas puede ser salir a trotar; para otras, ver una serie o simplemente dormir más temprano.

También propone establecer momentos, aunque sean breves, en los que el trabajo y las obligaciones no ingresen al espacio personal, y recuperar progresivamente actividades significativas que no tengan necesariamente una finalidad productiva.

La especialista enfatiza que el agotamiento no depende exclusivamente de la voluntad individual. Las condiciones laborales, tiempos de traslado, responsabilidades de cuidado y redes de apoyo también influyen en las posibilidades reales de descanso.

«No se trata simplemente de organizar mejor el tiempo, sino de poder construir una rutina que también deje espacio para vivir y disfrutar la vida cotidiana«, concluye Fermandois.

 

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