La encuesta Migración y Democracia UDP 2026, realizada por Democracia UDP junto a Feedback, muestra una opinión pública marcada por la preocupación frente al fenómeno migratorio y una fuerte demanda por mayor capacidad de control y gestión del Estado. Sin embargo, esto no se traduce necesariamente en un rechazo absoluto hacia la migración. Se reconoce el aporte de la población migrante al país, con especial énfasis en el sector económico y una mayor disposición a integrar a quienes nacieron o crecieron en Chile.
Ocho hallazgos principales
- Mayor aporte laboral de la población migrante se da en la agricultura. La percepción crítica sobre el fenómeno migratorio convive con un reconocimiento de su importancia para determinados sectores de la economía. Un 56% considera que los migrantes cubren necesidades laborales del país, un 42% que impulsan nuevos emprendimientos y un 40% señala que aportan al desarrollo económico del país. Se reconoce el aporte en agricultura (67%), transporte y logística (62%), comercio (61%), trabajo doméstico (59%), gastronomía (53%) y construcción (52%).
Sin embargo, existe una fuerte percepción de precariedad laboral que enfrenta la población migrante. El78% considera que las personas migrantes trabajan sin contrato con mayor frecuencia que los trabajadores chilenos; un 61% que sufren discriminación con mayor frecuencia y un 58% que se desempeñan en empleos por debajo de sus competencias.
- La migración del pasado era mejor. La percepción crítica sobre la migración actual también se refleja en la comparación con procesos migratorios anteriores. Un 80% considera que la principal diferencia con la migración de hace 50 años es que antes llegaban pocas personas. Un 66% cree que los migrantes del pasado ingresaban al país cumpliendo las reglas, y un 64% considera que las olas migratorias anteriores hicieron un aporte superior al de las actuales.
- Convivencia sí (integración no). El contacto con personas migrantes forma parte de la vida cotidiana de una proporción importante de los encuestados. La forma más frecuente de contacto es con vecinos (48%). Un 34% califica como positivas o muy positivas sus experiencias personales con personas migrantes, frente a un 27% que las considera negativas.
La distancia entre cercanía e integración se expresa en que un 87% señala que nunca o con poca frecuencia observa actividades organizadas conjuntamente por vecinos chilenos y extranjeros.
A esto se suma una percepción crítica respecto del cumplimiento de normas: el 70% está de acuerdo con que las personas migrantes actúan como si algunas normas chilenas no les correspondieran.
En este contexto, también se perciben cambios en las costumbres y formas de convivencia: un 56% considera que estas han cambiado bastante o mucho con la llegada de personas migrantes. Entre quienes perciben esos cambios, un 59% los evalúa de manera negativa o muy negativa, mientras un 13% los considera positivos.
Al desagregar por ámbitos, la valoración no es homogénea. La gastronomía es el único aspecto claramente valorado de forma positiva (56%). En cambio, las miradas más críticas se concentran en el lenguaje y las formas de expresión, así como en las costumbres y celebraciones, donde el 48% evalúa el efecto de forma negativa, y en la vestimenta, con un 37%.
- No toda la población migrante es percibida de la misma manera por los chilenos. El 75% percibe que en Chile se discrimina por país de origen y profesión de las personas migrantes. Un 64% considera que las personas migrantes de piel oscura reciben peor trato que las de piel más clara.
Esta valoración diferenciada según origen se refleja también en la distancia social: al consultar por el vínculo más cercano que estarían dispuestos a tener con personas de distintas nacionalidades, un 42% preferiría no tener ningún vínculo con personas venezolanas, seguidas de colombianas (36%), haitianas (34%) y chinas (23%). En el extremo opuesto, el rechazo es mucho menor hacia personas francesas (7%) y argentinas (15%).
La disposición cambia cuando se pregunta por hijos e hijas de migrantes nacidos o criados en Chile, un 66% considera que tienen las mismas oportunidades que los hijos de chilenos, un 60% piensa que contribuirán al desarrollo del país y, el 57% considera probable que los hijos de migrantes lleguen a ser plenamente reconocidos como parte de la sociedad chilena.
- Un 76% considera que toda persona tiene derecho a migrar a otro país. Existe un amplio apoyo al derecho a migrar en busca de mejores condiciones de vida, pero coexiste con casi la misma proporción (74%) que sostiene que cada país tiene derecho a decidir quién puede ingresar.
Frente a los derechos de las personas migrantes, la ciudadanía distingue entre trato digno e igualdad plena. Mientras un 77% está de acuerdo con que deben ser tratadas con respeto por las autoridades chilenas, el acuerdo baja al 48% respecto a que tengan el mismo acceso que los chilenos a salud y educación, y al 47% en cuanto a iguales oportunidades laborales. Es decir, se acepta ampliamente el trato respetuoso, pero no la igualdad de acceso y oportunidades.
Frente a los derechos políticos, un 59% afirma que se debe limitar la participación política de las personas migrantes, mientras que el derecho a voto genera opiniones divididas.
- Más control migratorio junto con un Estado con mayor capacidad para gestionar. El 38% considera que la principal prioridad frente al tema migratorio es la persecución del crimen organizado y el tráfico de migrantes, seguido de un 34% del fortalecimiento del control fronterizo. Sin embargo, solo el 26%cree que actualmente el Estado tiene la capacidad suficiente para gestionar la migración. La demanda por control convive con una fuerte expectativa sobre el Estado: 78% cree que mejores políticas públicas podrían reducir los problemas asociados a la migración.
Esta demanda por mayor control no se traduce, sin embargo, en una posición mayoritaria de cierre frente a la migración. El 46% permitiría la llegada de algunas personas de otros países y un 20% la llegada de muchas, mientras un 24% permitiría solo unas pocas y un 6% no permitiría la llegada de ninguna. Los resultados muestran una demanda por mayores restricciones y control, pero no una postura mayoritaria de ‘migración cero’.
Frente al ingreso irregular, el 56% respalda iniciar un procedimiento de expulsión ante ingresos irregulares, pero evaluando previamente cada situación. En cambio, la expulsión inmediata y sin revisión de cada caso divide a la ciudadanía: un 42% está de acuerdo frente a un 43% en desacuerdo.
- Presión en los servicios públicos, convivencia y empleo concentran las mayores preocupaciones. El 84% cree que la migración ha aumentado la demanda por los servicios públicos, mientras que el 45% considera que las personas migrantes acceden a servicios y prestaciones estatales con mayor facilidad que los chilenos.
El 67% considera que la migración ha dificultado la convivencia y el 65% ha aumentado la competencia por los empleos.
En términos generales, el 61% evalúa negativamente el impacto que ha tenido la migración en Chile durante los últimos diez años. A nivel personal y familiar, un 48% señala que la llegada de personas migrantes los ha perjudicado en alguna medida, mientras un 13% declara haberse beneficiado y un 38% considera que no ha tenido efectos importantes.
- El 49% de la población manifiesta posiciones moderadas y ambivalentes frente a la migración, mientras un 31% la rechaza sistemáticamente, y un 20% la apoya incondicionalmente. La opinión pública no es homogénea: el estudio identifica – mediante una metodología de clusters – cinco grupos o perfiles actitudinales – que consideran múltiples respuestas en diferentes temas – frente a la migración, que van desde una minoría claramente pro-migración hasta grupos de rechazo, con una amplia zona intermedia de posiciones moderadas y ambivalentes.
- Pro-migración convencido (20%): valoración muy positiva del aporte cultural, económico y personal; es el grupo que más reconoce la discriminación estructural hacia los migrantes y el que más apoya sus derechos políticos.
- Moderados que aceptan (25%): valoran positivamente el aporte migrante, pero de forma más matizada que el grupo pro-migración; son quienes con más fuerza defienden que en Chile se puede hablar abiertamente del tema.
- Ambivalentes contenidos (24%): no ven la migración claramente como aporte ni como problema, evalúan su impacto de forma más bien negativa y son el grupo que más evita opinar, viviendo el tema como un tabú.
- Rechazo expresivo (17%): rechazo cultural y económico marcado, que se identifica con la derecha y confronta abiertamente su postura, sin vivir el tema como tabú.
- Rechazo silencioso (14%): el rechazo cultural y económico más extremo y consistente, pero que se oculta: evita hablar del tema y definirse políticamente.
En conjunto, estos perfiles muestran que la opinión pública no se estructura como un bloque homogéneo de rechazo, sino como un continuo que va desde una minoría claramente pro-migración hasta grupos de rechazo, con una amplia zona intermedia de posiciones moderadas y ambivalentes que resulta decisiva.