En salud pública, detectar un problema antes de que crezca puede cambiarlo todo. Para eso existe la vigilancia epidemiológica: un proceso continuo de recolección, análisis e interpretación de información destinado a orientar decisiones y acciones. Notificar un caso es solo el comienzo. Si los datos no se analizan, interpretan, comunican y utilizan, tenemos registros; no una vigilancia completa. Podemos pensarla como un radar de la salud pública.
No evita que los problemas ocurran, pero permite detectar señales, conocer a quiénes afectan, dónde se concentran y cómo cambian en el tiempo. Así, la vigilancia permite identificar amenazas, orientar medidas de prevención y control y evaluar si las intervenciones están funcionando. La sífilis en Chile muestra con claridad el valor de esa vigilancia. Según datos provisorios del MINSAL, aún en proceso de validación, entre 2016 y 2025 su tasa de notificación aumentó 2,4 veces y alcanzó en 2025 los 55,2 casos por 100.000 habitantes, la tasa más alta del período. El 65% de los casos notificados durante el último quinquenio correspondió a hombres y el 58% se concentró entre los 20 y 39 años. Pero vigilar también permite mirar más allá del promedio nacional.
Aysén pasó de 10,2 casos por 100.000 habitantes en 2021 a 90,1 en 2025, mientras Tarapacá alcanzó 90,3. ¿Aumentó la transmisión, mejoró la pesquisa o ambas cosas? Esa pregunta muestra por qué la epidemiología no puede limitarse a registrar cifras: necesita interpretarlas. El año 2020 entrega otra lección. La tasa de notificación disminuyó, pero el informe plantea que probablemente influyeron las barreras de acceso al diagnóstico y una menor pesquisa durante la pandemia, más que una reducción real de la transmisión. Menos notificaciones no siempre significan menos enfermedad; a veces significan que estamos detectando menos.
La vigilancia también permite evaluar resultados. Mientras aumentó la tasa de notificación de sífilis en el país, los casos de sífilis congénita disminuyeron de 67 en 2021 a 29 en 2025, y su tasa permaneció durante todo el quinquenio bajo la meta de eliminación de la sífilis congénita. Ahí está su verdadero aporte a la salud pública: detectar, comprender y actuar. Identificar dónde está cambiando un problema, orientar recursos y prevención, intervenir y luego evaluar si aquello que hicimos funcionó.
Fortalecer la vigilancia epidemiológica es fortalecer nuestra capacidad de anticiparnos. Su valor está en transformar señales en decisiones y decisiones en acciones capaces de proteger a la población.