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La palabra guagua: entre la inclusión y el profesionalismo. Por Leonor Cerda Directora Escuela de Educación Parvularia Universidad de Las Américas

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La palabra guagua, de origen quechua (wawa), forma parte del patrimonio lingüístico y cultural de Chile. Utilizada ampliamente para referirse a bebés y niños pequeños, esta expresión ha trascendido generaciones, manteniéndose vigente como una muestra de la riqueza cultural de América Latina. Su permanencia en el lenguaje cotidiano refleja la estrecha relación entre conceptos, la identidad de los pueblos y las formas en que las comunidades comprenden, cuidan y acompañan la infancia.

En Educación Parvularia, las palabras que utilizamos no son neutrales. A través de ellas construimos vínculos, reconocemos a las personas y comunicamos nuestra visión de la infancia. En este sentido, el uso del término guagua representa una forma cercana y respetuosa de nombrar a los niños y niñas que transitan sus primeros años de vida. Para muchas familias, esta expresión genera confianza, afecto y sentido de pertenencia, fortaleciendo la relación entre el hogar y el establecimiento educativo.

Desde una perspectiva de lenguaje inclusivo, reconocer expresiones propias de la cultura local constituye una práctica que contribuye a valorar la diversidad y a generar espacios más acogedores. La inclusión también implica reconocer los distintos modos en que las comunidades nombran y comprenden el mundo. Por ello, utilizar el término guaguas en contextos cotidianos puede favorecer una comunicación más significativa y respetuosa con las familias.

Sin embargo, la valoración de estas expresiones culturales debe coexistir con el uso de un lenguaje profesional y preciso. La Educación Parvularia es una disciplina con bases pedagógicas, científicas y técnicas que demandan claridad conceptual. Por esta razón, en documentos institucionales, investigaciones, informes técnicos o publicaciones académicas, resulta pertinente utilizar conceptos como lactantes, niños y niñas menores de dos años o primera infancia, según corresponda al contexto y propósito comunicativo.

Esta reflexión adquiere especial relevancia considerando los avances que impulsa la Ley de Modernización de la Educación Parvularia, la cual busca fortalecer la calidad educativa, resguardar el bienestar integral de niños y niñas y reconocer las particularidades del primer nivel educativo. En coherencia con estos principios, el lenguaje constituye una herramienta clave para promover el respeto, la participación y el reconocimiento de la diversidad presente en las comunidades educativas.

La comunicación profesional no implica abandonar las expresiones culturales que identifican a las familias, sino utilizarlas con criterio y pertinencia. El desafío consiste en equilibrar cercanía y rigurosidad, reconociendo que ambas dimensiones son necesarias para una educación de calidad.

Nombrar a las guaguas con respeto, sensibilidad cultural y responsabilidad profesional es reconocerlas como sujetos de derechos, protagonistas de sus aprendizajes y miembros valiosos de una comunidad que se compromete con su desarrollo integral.

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