Septiembre en Chile es sinónimo de encuentro, tradiciones y, por supuesto, comida. Empanadas, asados, anticuchos, sopaipillas, choripanes y preparaciones típicas forman parte de nuestras Fiestas Patrias y también de nuestra cultura alimentaria. Durante estos días probablemente comemos más de lo habitual, cambiamos nuestros horarios y disminuimos algunas rutinas. ¿Significa eso que hicimos todo mal? No.
La alimentación saludable no se construye ni se pierde en un par de días. Lo que hacemos de manera habitual tiene mucho más peso que una celebración puntual. Disfrutar una empanada o compartir un asado con la familia también forma parte de una relación equilibrada con la alimentación.
El problema muchas veces aparece después del 18, cuando llegan los mensajes de “desintoxicación”, dietas “detox”, planes extremadamente restrictivos, ayunos o productos que prometen “desinflamar” y eliminar rápidamente los excesos de las celebraciones.
Pero ¿realmente necesitamos desintoxicarnos? Nuestro organismo ya cuenta con sistemas especializados para procesar y eliminar sustancias de desecho, donde participan principalmente el hígado, los riñones, el sistema digestivo y los pulmones. No existe un jugo, té o batido capaz de “limpiar” en pocos días todo lo que comimos durante las Fiestas Patrias.
Un batido de frutas o verduras puede perfectamente formar parte de nuestra alimentación si nos gusta y está integrado a una dieta equilibrada, pero no borra una empanada, no elimina las calorías consumidas ni reemplaza el funcionamiento natural de nuestro organismo.
Tampoco necesitamos ayunar como compensación. Saltarse comidas, restringir excesivamente los alimentos o entrenar de manera intensa para “quemar lo comido” puede favorecer un ciclo de culpa, restricción y posteriormente mayor ingesta. Nuestro cuerpo no necesita un castigo por haber disfrutado.
Entonces, ¿qué hacemos después del 18? Algo mucho más sencillo: volver a nuestra rutina.
Retomar horarios regulares de alimentación, mantener una buena hidratación, incorporar frutas, verduras, legumbres y cereales integrales que aporten fibra, incluir proteínas de buena calidad y preferir preparaciones variadas y equilibradas. A esto debemos sumar dos aspectos que muchas veces olvidamos: dormir y descansar adecuadamente, y volver progresivamente al movimiento y la actividad física habitual.
Incluso si después de las celebraciones la balanza muestra un número diferente, no debemos interpretarlo inmediatamente como aumento de grasa corporal. Cambios en la hidratación, mayor consumo de sodio, carbohidratos y contenido intestinal también pueden modificar temporalmente nuestro peso.
Las Fiestas Patrias son parte de nuestra cultura y la comida también es una forma de compartir. Por eso, después del 18 no necesitamos detox, compensaciones ni culpa. Necesitamos volver a nuestros hábitos cotidianos. Porque una alimentación saludable también debe dejar espacio para celebrar, disfrutar y después, simplemente, continuar.