Cada 25 de septiembre se conmemora el Día Internacional de Limpieza de Playas, una efeméride que cada año moviliza a miles de personas en Chile y el mundo para retirar desechos de nuestras costas y generar conciencia sobre la protección de los ecosistemas marinos. Es una señal positiva de conciencia ambiental, pero también debería llevarnos a una pregunta: ¿por qué seguimos necesitando retirar toneladas de residuos de nuestras costas año tras año?
Las cifras muestran la dimensión del desafío. En la jornada nacional de limpieza de playas de 2025, 9.288 voluntarios limpiaron 107 playas y retiraron más de 72 toneladas de residuos. Los principales elementos encontrados fueron trozos de plumavit, colillas de cigarrillo y envases plásticos.
El esfuerzo ciudadano es fundamental, pero limpiar es sólo una parte de la solución. La verdadera misión consiste en evitar que esos residuos lleguen al borde costero y, cuando se generen, lograr que puedan ser reutilizados o valorizados antes de convertirse en contaminación.
Según el Ministerio del Medio Ambiente, aproximadamente 80% de los residuos que ingresan al mar tiene su origen en fuentes terrestres y costeras. Es decir, una parte importante del problema comienza mucho antes de que un residuo aparezca en la arena. Es decir, en nuestros hábitos de consumo, en la gestión de residuos y en la infraestructura disponible para su recuperación.
Aquí la economía circular tiene un papel fundamental. Una botella, una lata, un envase o determinados plásticos no debieran ser considerados automáticamente basura. Bajo las condiciones adecuadas, pueden volver a convertirse en materias primas. Para eso necesitamos sistemas de separación en origen, recolección diferenciada, infraestructura de valorización y mercados capaces de incorporar materiales recuperados.
También debemos prestar atención a aquellos residuos que presentan mayores dificultades de recuperación. Las colillas y los plásticos de pequeño tamaño, por ejemplo, aparecen recurrentemente entre los residuos encontrados en nuestras playas. Una vez dispersos en el ambiente, su recuperación se vuelve mucho más compleja.
Por eso, la economía circular debe comenzar antes del residuo. Diseñar productos considerando su ciclo de vida, reducir materiales innecesarios, privilegiar la reutilización y facilitar la recuperación posterior puede tener un impacto mucho mayor que intentar solucionar el problema únicamente cuando ya llegó a nuestras costas.
Las jornadas de limpieza seguirán siendo necesarias y cumplen un importante rol educativo. Pero el éxito debería medirse también por nuestra capacidad de necesitar cada vez menos jornadas para retirar cada vez menos residuos.
Proteger nuestras costas no consiste solamente en limpiar lo que ya llegó al mar. Consiste en construir sistemas que impidan que esos materiales terminen allí. Y es que el mejor residuo marino es el que nunca llega al mar. Y el segundo mejor es aquel que somos capaces de recuperar antes de que se convierta en basura.