¿? Qu’est-ce que c’est? What is this? Was ist das? cos’è? ¿Decir? ¿Hacer? ¿Cuál? Cuál primero, ¿cuál sería el orden?
Algunos son más hacedores. Otros son más locuaces (dejémoslo ahí, por ahora). Es difícil hallar equilibrios. Justos equilibrios.
En las prácticas verbales pronto asoman expresiones idiomáticas tales como: “Del dicho al hecho hay poco trecho”, en otras regiones hispanoparlantes, es “Del dicho al hecho hay gran trecho”, depende con la vara que se mida, la expectativa o apreciación que se tenga acerca de tal o cual asunto. En francés, se dice “Il est plus facile de dire que de faire”, equivalente a: “Es más fácil decir que hacer”. Clarísimo, ¿no les parece? En portugués, es “Falar é fácil, fazer é que é difícil”, o “Hablar es fácil, hacer sí que es difícil”. Más claro aún. En italiano hay una variante: “Altro è promettere, altro è mantenere”, en español: “Una cosa es prometer, otra es cumplir” o “No es lo mismo prometer que cumplir”. Capisci? ¿Se comprende?
Es cierto, muy cierto, hay variantes contextuales, culturales, lingüísticas, pero aun así más que adecuado grado de coincidencias.
¿A qué voy? A que es mejor hacer que decir. Y para hacer hay que prever, conocer, saber, atender, escuchar, estudiar, planear. No es a tontas y a locas que se ha de proceder. Debe existir un plan, un proyecto, un programa de acción. Hacer es un verbo polisemántico, incluso llamado verbo comodín, porque es equivalente a una multiplicidad de acciones más precisas que el poliequivalente hacer.
Decir es fácil, bastaría hablar, nada más, que así quizás se acerca a la versión italiana “prometer” con la palabra, con el hablar, con el decir, y está claro, no basta. No da para conformarse, porque si fuera pura verbalización, asoma otra expresión idiomática “las palabras se las lleva el viento”, no se sujetan, no se graban, no se suscriben.
Hacer es fácil, y difícil, a la vez. Fácil si es que nada se ha dicho, nada se ha prometido, sin embargo, es difícil, o se dificulta, si antes se ha dicho, se ha anticipado el qué, o digámoslo, si se ha prometido con la palabra algo, es que se ha de cumplir, y como sabemos no siempre es fácil la satisfacción urbi et orbi, es decir, satisfacer a todos, siempre, siempre habrá un grado de insatisfacción, en alguien, en alguno. ¿Difícil, no?
Con todo, vuelvo sobre la marcha, decir es tan importante como hacer. Ambas son acciones en que se asumen responsabilidades, riesgos, así como se cosechan satisfacciones inmediatas como colaterales. Ambas exigen reflexión, cuidados. Ambas demandan corresponsabilidad, algo de colaboración, asistencia.
¡Del dicho al hecho hay un gran trecho!