Proyecto Colaborativo de Vinculación con el Medio de la Universidad San Sebastián trabaja con familias de Talcahuano, para fortalecer la alfabetización científica, el cuidado de la salud y el abordaje de problemáticas socioambientales desde una experiencia interdisciplinaria de aprendizaje y servicio.
En el Campamento Unión II de Talcahuano viven cerca de 70 familias que enfrentan distintas dificultades asociadas a la precariedad habitacional, el acceso a servicios básicos, el cuidado del entorno y las brechas educativas y sociales. La falta de luz regular, el uso de fosas, la presencia de residuos, los riesgos eléctricos y los problemas de movilidad durante el invierno son parte de una realidad que afecta la vida cotidiana de niños, adolescentes y adultos.
Desde esa realidad se desarrolla CiVAS: Ciencia que Vincula el Aprendizaje y el Servicio a la comunidad, Proyecto Colaborativo de Vinculación con el Medio (VcM) de la Universidad San Sebastián, sede Concepción, que comenzó con un trabajo de diagnóstico y escucha junto a la comunidad, para conocer sus necesidades antes de implementar actividades educativas, sanitarias y medioambientales.
Camila Gutiérrez, académica de la Facultad de Ciencias de la Universidad San Sebastián y líder del proyecto, junto a las docentes Yanyesis Lamothe y Sixta Palencia, todas del Departamento de Ciencias Biológicas y Químicas, explica que la propuesta nació desde “la urgencia de romper con las barreras del aprendizaje tradicional y poner la ciencia al servicio de la sociedad”. Según detalla, en el territorio identificaron brechas asociadas a la vulnerabilidad socioambiental, la falta de acceso a información e infraestructura básica de salud, y una distancia entre el conocimiento académico y las problemáticas cotidianas de las familias.
Necesidades que se levantan desde el entorno
La dirigenta del Campamento Unión II, Gisela Costerna, conoce de cerca esas dificultades. Al describir las principales necesidades de la comunidad, menciona “el tema de la luz y alcantarillado”, junto con la preocupación por los animales abandonados, ya que algunas personas crían perros y luego los dejan en la calle.
Por eso, valora que estudiantes y académicos lleguen al campamento a trabajar con las familias. Costerna comenta que para la comunidad es importante esta presencia, porque “se han interesado en venir a entregarnos actividades para los niños, adolescentes y adultos”. Desde su mirada, todo lo que se pueda entregar en salud, educación, bienestar y medioambiente puede transformarse en un aporte para quienes viven en el sector.
La primera etapa de CiVAS estuvo orientada a conocer las necesidades educativas, sociales, emocionales y medioambientales de las familias. Este proceso permitió levantar información para proyectar acciones más pertinentes, desde el cuidado de la salud hasta propuestas vinculadas a iluminación, residuos, saneamiento y mejoramiento de espacios comunitarios.
Labor multidisciplinar
En esta línea, el proyecto articula el trabajo de estudiantes y académicos de distintas áreas, entre ellas Salud, Ciencias, Medioambiente, Odontología, Psicología, Terapia Ocupacional y Medicina Veterinaria. Para Camila Gutiérrez, este enfoque interdisciplinario era necesario porque las problemáticas que enfrenta una comunidad como el Campamento Unión II “no pueden ser comprendidas ni resueltas desde una sola vereda del conocimiento”.
La académica agrega que la salud, el medioambiente y el desarrollo social están conectados, por lo que el trabajo requiere integrar distintos saberes y experiencias. En el caso de CiVAS, esa articulación también considera redes de colaboración con instituciones externas, entre ellas la Corporación Educacional Científica de Antofagasta, la Universidad de Concepción y profesionales vinculados a instituciones de Colombia.
Para los estudiantes, el proyecto también ha significado una experiencia formativa distinta. Leonel Sánchez y Radanghela Garrido, estudiantes de Ingeniería en Energía y Sustentabilidad Ambiental USS, han participado en el diagnóstico de problemáticas territoriales y ambientales del Campamento Unión II, vinculando los aprendizajes de su carrera con necesidades concretas de la comunidad.
Aprender fuera del aula
Sánchez señala que participar en CiVAS “ha sido una experiencia muy enriquecedora”, porque le permitió “aplicar conocimientos de mi carrera en un contexto real” y “comprender mejor las problemáticas territoriales y ambientales que afectan a las familias”. Entre ellas, menciona la acumulación de residuos, problemas de saneamiento, escasa iluminación, riesgos eléctricos y dificultades de movilidad por el barro y las pozas del invierno.
Para Garrido, estas condiciones impactan directamente en la seguridad y calidad de vida de los habitantes. Desde su disciplina, plantea que la Ingeniería en Energía y Sustentabilidad Ambiental puede aportar mediante “proyectos de eficiencia energética, sistemas de iluminación segura, gestión adecuada de residuos y propuestas para el mejoramiento de espacios comunitarios”.
Sin embargo, el trabajo en terreno también les permitió mirar más allá de lo técnico. Sánchez comenta que esta experiencia les ayudó a entender que “las soluciones técnicas deben considerar las necesidades reales de las personas y construirse junto a la comunidad”. En ese proceso, ambos reconocen aprendizajes vinculados a la comunicación, la empatía y el trabajo colaborativo, habilidades que también serán necesarias en las siguientes actividades del proyecto con niños, adolescentes y adultos del campamento.
La académica Camila Gutiérrez sostiene que participar en un territorio como el Campamento Unión II enfrenta a los estudiantes con su rol como futuros profesionales y ciudadanos. Para ella, CiVAS busca que el conocimiento salga del aula y se vincule con necesidades concretas de la comunidad, porque “esperamos que las familias dejen de ver la ciencia como algo lejano o exclusivo de los laboratorios y la adopten como una herramienta cotidiana para la toma de decisiones informadas sobre su salud y su entorno”.