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Javiera Ogaz: la nueva líder de la pesca artesanal de la bahía de Quintero-Puchuncaví

Con una trayectoria cercana a los cien años formando profesionales, la PUCV pone a disposición de los estudiantes espacios presenciales y digitales para resolver dudas sobre carreras, puntajes y vida universitaria.

• La joven profesional, heredera de una histórica tradición pesquera de Horcón, impulsa una visión de futuro que busca proteger la cultura del pescador, pero basada en la sustentabilidad, ciencia y la responsabilidad con el medioambiente.

Nació mirando el océano pacifico en la Caleta de Horcón y creció entre redes, embarcaciones y las conversaciones de pescadores. Dicen que lleva la sal en la sangre y el mar en el corazón. Javiera Ogaz emerge como una de las nuevas voces de la pesca artesanal de Quintero-Puchuncaví, decidida a liderar una generación que busca compatibilizar la tradición pesquera con la ciencia, la tecnología y el cuidado del medioambiente.

Su historia está profundamente ligada a la bahía. Familiar directa de María Eugenia Ogaz, reconocida como la primera mujer pescadora y dirigente de Horcón que por cosas del destino justo cumple dos años desde su partida. Hija de Fabián Ogaz, destacado dirigente de los trabajadores del mar de la zona.

Más allá de su apellido, Javiera ha construido un camino propio marcado por el compromiso ambiental y la defensa de las comunidades costeras.

“El mar es mi dios, me ha entregado todo, le debo todo”, repite con bastante frecuencia. Y como no, si a los 13 años le prometió a su abuelo, en su lecho de muerte, que haría todo lo posible por proteger el océano y ayudar a salvarlo de la contaminación.

Con el paso de los años, tuvo que observar cómo la Bahía de Quintero-Puchuncaví enfrentaba episodios de contaminación que afectaban a las comunidades costeras, a la biodiversidad y a la pesca artesanal.

Fue la última motivación que necesitaba para participar de lleno en las labores de rescate de aves y limpieza de playas. Javiera decidió actuar. Tras años de investigación y búsqueda de soluciones, impulsó el proyecto Petropelo, una iniciativa que utiliza cabello humano y animal para absorber hidrocarburos, petróleo y metales pesados presentes en cuerpos de agua, contribuyendo a la recuperación de ecosistemas dañados por la contaminación.

Su trabajo le permitió vincularse con municipios, empresas, organizaciones sociales y comunidades pesqueras de distintas zonas del país, construyendo redes de colaboración para promover la restauración ambiental y la economía circular.

Pero la pesca artesanal está en su ADN, y se propuso liderar a los pescadores hacia el futuro, defendiendo el trabajo, las costumbres y los derechos de los hombres de mar, pero basándose en la sustentabilidad.

Su propuesta apunta a fortalecer la actividad pesquera incorporando ciencia, monitoreo ambiental, innovación tecnológica y protección de los ecosistemas marinos, permitiendo que las futuras generaciones puedan seguir viviendo del mar.

“La defensa de la pesca artesanal no es incompatible con el desarrollo. Al contrario, si logramos tener una bahía ambientalmente sana, podemos tener pesca para muchas nuevas generaciones y transformarnos en un motor para potenciar el turismo, el comercio local, la gastronomía y la calidad de vida de los habitantes de Quintero y Puchuncaví”, explica con convicción Javiera Ogaz.

Es una figura emergente que combina tradición, identidad territorial e innovación, en un área donde siempre han predominado los hombres. Pero los pescadores la respetan por su visión de acercar el conocimiento científico a las faenas artesanales, promoviendo decisiones basadas en evidencia y una gestión más moderna de los recursos marinos.

Javiera ya dio un paso histórico. Logró reunir a prácticamente todos los actores de la pesca artesanal de la bahía de Quintero-Puchuncaví. Los sindicatos de Horcón, Ventanas y Maitencillo, Embarcadero, El Manzano, “Por la Razón o la Fuerza”, “Espartanos del Mar” y Papudo, además de las máximas autoridades de la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura, Sernapesca, los municipios de Quintero y Puchuncaví, empresas locales y la Armada de Chile.

Tiene una nuevo desafío el mente: construir una base científica territorial para permita el desarrollo de la pesca artesanal y fomentar el futuro de toda la comunidad que vive gracias a la bahía.

 

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