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Rompiendo el silencio: conectar a través de la afasia. Por Constanza Castillo González, Académica de Fonoaudiología Universidad Andrés Bello

Con una trayectoria cercana a los cien años formando profesionales, la PUCV pone a disposición de los estudiantes espacios presenciales y digitales para resolver dudas sobre carreras, puntajes y vida universitaria.

Cada 28 de junio se conmemora el Día internacional de las personas con Afasia, una condición neurogénica, habitualmente secundaria a un accidente cerebrovascular (ACV) o a un traumatismo craneoencefálico (TEC), que altera la capacidad de comprender, expresar, leer o escribir el lenguaje. Lejos de comprometer la inteligencia, impacta la identidad y la vida cotidiana de quien la presenta, dificultando tareas tan simples como pedir un café o expresar emociones, lo que con frecuencia conduce al aislamiento social y a un quiebre en la calidad de vida personal y familiar.

El abordaje fonoaudiológico es un pilar fundamental. Debe iniciarse desde la etapa aguda, aprovechando la neuroplasticidad temprana, y sostenerse en el largo plazo para consolidar la reincorporación comunitaria. No solo busca restaurar las funciones lingüísticas afectadas, sino potenciar las capacidades preservadas. Los enfoques actuales, como el Enfoque de Participación en la Vida aplicado a la Afasia (LPAA), orientan la intervención hacia la autonomía y la participación en contextos reales, más allá de la recuperación estricta del lenguaje.

La familia cumple un rol terapéutico crucial y puede entrenarse como compañera de comunicación. Algunas estrategias clave son: usar frases cortas, hablar a un ritmo pausado, mantener el contacto visual, apoyarse en gestos, reducir el ruido ambiental y otorgar el tiempo necesario para responder, sin interrumpir ni completar las oraciones. Tratar a la persona con la dignidad propia de un adulto, erradicando toda forma de infantilización, es quizás el gesto más importante. Cuando el lenguaje oral es limitado, los Sistemas Aumentativos y Alternativos de Comunicación (SAAC) ofrecen un apoyo efectivo, desde opciones de baja tecnología como dibujos, gestos, y cuadernos con pictogramas, hasta aplicaciones en teléfonos y tablet. Estos recursos devuelven a la persona la posibilidad de manifestar sus necesidades, ideas y emociones, fortaleciendo su autonomía e independencia comunicativa cotidiana.

Finalmente, como sociedad, el desafío es transitar hacia una comunidad más empática y accesible. Reducir las barreras del entorno implica crear espacios amigables para las personas con afasia: educar al comercio local, los servicios públicos y las redes vecinales para que comprendan que una pausa en el habla no es una limitación cognitiva; adaptar la información escrita a formatos de lectura fácil con apoyos visuales; y garantizar los derechos de participación cívica, como el voto asistido. Promover la educación comunitaria y formar más interlocutores capacitados asegura que las personas con afasia puedan vivir de manera plena, activa e inclusiva. Comuniquemos con paciencia, escuchemos con tiempo e incluyamos sin excepciones: cada conversación accesible es un acto que devuelve voz, identidad y dignidad.

 

 

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