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Chile envejece y crecen los desafíos por Alzheimer y ACV: especialistas apuntan a nuevas tecnologías para enfrentar el aumento de pacientes

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– Chile está entrando en una nueva etapa demográfica y sanitaria. El aumento sostenido de adultos mayores en el país está elevando los casos asociados a enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer, y las secuelas de accidentes cerebrovasculares (ACV), impulsando la necesidad de nuevas herramientas para rehabilitación y calidad de vida.

Según datos del Censo 2024, las personas mayores de 65 años ya representan el 14% de la población nacional. Además, el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) proyecta que para este año habrá 92,5 adultos mayores por cada 100 menores de 15 años, una tendencia que expertos advierten podría tensionar aún más los sistemas de salud y cuidados de largo plazo.

En este escenario, la neurotecnología clínica es una alternativa complementaria para abordar uno de los principales desafíos del envejecimiento, es decir, la pérdida de autonomía producto de enfermedades neurológicas.

“El gran cambio es que la neurología está avanzando hacia una forma de tratamiento más precisa y personalizada. Antes muchas veces el foco estaba puesto principalmente en observar síntomas visibles. Hoy podemos medir cómo está funcionando el cerebro y, en algunos casos, modular su actividad de manera no invasiva”, explica Josefa Araya, Product Manager de Neurotecnología de Biotecom, empresa chilena especializada en diagnóstico temprano y medicina personalizada.

Entre las herramientas que están ganando espacio se encuentran el electroencefalograma (EEG), utilizado para registrar actividad cerebral, y la estimulación eléctrica transcraneal, una tecnología no invasiva que permite estimular determinadas zonas del cerebro mediante corrientes de baja intensidad.

Actualmente, el ACV es una de las principales causas de discapacidad en Chile y uno de los mayores desafíos en rehabilitación neurológica.

En paralelo, el Alzheimer continúa aumentando a medida que envejece la población, elevando también la carga para familias y cuidadores.

Especialistas advierten que detectar señales tempranas puede ser clave tanto en enfermedades neurodegenerativas como en ACV. En el caso del Alzheimer, algunos signos pueden ser pérdida frecuente de memoria, desorientación, dificultades en el lenguaje o cambios en la autonomía diaria. En un ACV, síntomas como pérdida repentina de movilidad, dificultad para hablar o asimetría facial requieren atención médica inmediata.

“En estos casos, el desafío no es solamente tratar un diagnóstico o una lesión, sino entender qué funciones están afectadas en cada persona: la memoria, el movimiento, el lenguaje, la atención, la autonomía o la capacidad de realizar actividades cotidianas”, señala Araya.

Asimismo, la especialista explica que “En enfermedades neurodegenerativas no hablamos de una cura, sino de herramientas complementarias que pueden ayudar a personalizar intervenciones y acompañar la evolución clínica. En el caso del ACV, el potencial es especialmente interesante porque la recuperación depende en gran parte de la capacidad del cerebro para reorganizarse después de una lesión”, señala Araya.

El impacto de estas tecnologías no se limita al ámbito clínico. En muchos casos, pequeñas mejoras funcionales pueden traducirse en mayor independencia y menor carga para el entorno familiar.

“Para un paciente que tuvo un ACV, por ejemplo, una mejora puede significar volver a usar una mano con más seguridad, caminar con mayor estabilidad, comunicarse mejor o recuperar independencia en actividades cotidianas como vestirse, comer o desplazarse. A veces son avances que desde afuera pueden parecer pequeños, pero para el paciente y su familia son enormes”, explica Araya.

En enfermedades neurodegenerativas, el foco está en acompañar de forma más personalizada la evolución del paciente. “No se trata de revertir la enfermedad, sino de estimular capacidades, apoyar funciones que todavía están presentes y adaptar las intervenciones según las necesidades de cada etapa. Eso puede ayudar a mantener autonomía, participación social y bienestar durante más tiempo”, concluye la especialista.

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