El término de las vacaciones de invierno dejó un balance que va más allá de las cifras de ocupación hotelera. Si bien el sistema frontal afectó la llegada de visitantes y provocó cancelaciones en distintos destinos de la Región de Valparaíso, atribuir el resultado únicamente al mal tiempo sería simplificar un desafío mucho mayor.
Lo ocurrido confirma que el cambio climático ya condiciona la actividad turística. Lluvias intensas, marejadas e incendios forestales serán cada vez más frecuentes, obligando a repensar cómo planificamos el desarrollo del sector.
La discusión ya no debería centrarse solo en cómo recuperar la demanda después de una emergencia, sino en cómo fortalecer la capacidad de los destinos para adaptarse a este nuevo escenario. Ello implica incorporar la gestión del riesgo, la infraestructura, la conectividad y el ordenamiento territorial como parte de una estrategia permanente.
La Región de Valparaíso cuenta con un patrimonio natural y cultural único. Sin embargo, mantener su liderazgo turístico dependerá cada vez menos de sus atractivos y más de su capacidad para ofrecer un destino seguro, resiliente y preparado frente a los desafíos que impone el clima.