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Investigadora estudia presencia de microplásticos en suelos agrícolas de la Región de O’Higgins

El simulacro reprodujo las exigencias formales de evaluación para escolares de cuatro establecimientos locales, en el marco de una alianza formativa con el Preuniversitario Pedro de Valdivia que busca reducir brechas y que acumula 400 beneficiarios en la zona.

  • El proyecto busca determinar qué plásticos se usan en la agricultura regional, si sus partículas se acumulan en el suelo y cómo podrían afectar a los microorganismos y al crecimiento de cultivos hortícolas.

Acolchados, cintas de riego, coberturas y estructuras de soporte son parte del trabajo diario en los campos de O’Higgins. Con el tiempo, estos materiales se deterioran y se fragmentan en partículas muy pequeñas, y todavía se sabe poco sobre qué pasa con ellas en el suelo.

Para abordar ese vacío, María Florencia Yáñez, investigadora del Instituto de Ciencias Agroalimentarias, Animales y Ambientales (ICA3) de la Universidad de O’Higgins (UOH), realiza una investigación en sistemas agrícolas de la región, en el marco Proyecto FONDECYT Postdoctorado 3260461 y siendo parte de la línea de investigación del Laboratorio de Ecotoxicología y Salud del Suelo de la UOH.

La contaminación por plásticos es un problema ambiental cada vez más grave a nivel mundial. Influyen en ello el aumento de su uso, la disposición inadecuada de los residuos, su lenta degradación y el bajo nivel de reciclaje. Las estimaciones proyectan que la producción mundial de plástico llegue a 450 millones de toneladas en 2025 y a 480 millones en 2050.

Hasta ahora, la mayoría de las investigaciones se han centrado en los ecosistemas acuáticos. En los suelos, y sobre todo en los agrícolas, hay poca información sobre cuántos microplásticos (fragmentos de menos de 5 milímetros) y nanoplásticos (partículas de menos de 100 nanómetros) se acumulan. Tampoco se conocen bien sus efectos en las propiedades del suelo, en la vida microbiana o en el desarrollo de los cultivos.

El tema tiene especial relevancia para la región, uno de los principales polos agrícolas del país. Según la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (ODEPA), en 2024 O’Higgins concentró 12.517 hectáreas de producción hortícola, el 14,9% de la superficie nacional. Con eso es la segunda región productora de hortalizas de Chile.

Cultivos estratégicos como el tomate industrial y fresco, la lechuga, el maíz y las cucurbitáceas dependen de insumos plásticos como el mulch, las cintas de riego, los envases y las estructuras de soporte. Para la investigadora, esto crea las condiciones para que los microplásticos se fragmenten y se acumulen en el suelo, en un contexto donde todavía faltan herramientas para medirlos.

“La caracterización de microplásticos en suelos representa un desafío científico y metodológico a nivel internacional, debido a la diversidad de matrices ambientales y a la necesidad de armonizar los procedimientos de extracción, identificación y cuantificación. En este contexto, fortalecer las capacidades de investigación y avanzar en el desarrollo y la validación de metodologías aplicables a los suelos de Chile constituye una oportunidad para evaluar riesgos, diseñar estrategias de manejo sostenible y avanzar hacia prácticas productivas relevantes para el territorio y alineadas con estándares internacionales”, afirmó Yáñez, quien también buscará determinar si hay partículas plásticas en los suelos y conocer sus características y su cantidad.

Luego, Yáñez estudiará si la presencia de estas partículas está asociada a cambios en algunas propiedades del suelo y en sus comunidades microbianas. Con ensayos de laboratorio y de invernadero, evaluará además cómo pueden afectar el crecimiento y desarrollo de cultivos de interés para la región.

Entre los resultados esperados está generar nuevo conocimiento sobre cómo afectan los microplásticos a los suelos agrícolas chilenos, a su comunidad microbiana, a los ciclos biogeoquímicos y al crecimiento de cultivos hortícolas. El estudio también permitirá identificar interacciones críticas entre estas partículas, la microbiota del suelo y la salud de los cultivos, con implicancias para la seguridad alimentaria y la sostenibilidad ambiental.

Los datos que se obtengan tendrán relevancia regional y servirán para respaldar estrategias de mitigación y promover un uso más sostenible del plástico en la agricultura. Así, la investigación contribuirá al Decenio de las Naciones Unidas para la Restauración de los Ecosistemas y a los Objetivos de Desarrollo Sostenible promovidos por la FAO.

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