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Un aplauso no reemplaza políticas de cuidado docente. Por Francisca Sáez, Directora ejecutiva Corporación Educacional Eventuras

Cada 16 de octubre repetimos la escena: flores, discursos y agradecimientos. Gestos valiosos, sí, pero insuficientes para mover la aguja. Enseñar hoy en Chile es una maratón de interrupciones, presión y desgaste que amenaza con vaciar nuestras aulas de quienes más necesitamos: los docentes.

La paradoja es clara: como país pedimos resultados de primer nivel, pero olvidamos que los profesores necesitan apoyo real. La evidencia es contundente: cada peso invertido en bienestar docente se multiplica por 11 en aprendizajes, convivencia sana y comunidades escolares estables.

La experiencia en distintos colegios del país muestra que cuando una dirección escolar apuesta por programas de aprendizaje socioemocional basados en evidencia, los docentes recuperan energía, el clima escolar mejora y los estudiantes aprenden más. No es un sueño imposible: ya está ocurriendo en Chile.

El Día del Profesor no puede quedarse en aplausos. La mejor inversión que Chile puede hacer es cuidar a quienes sostienen la educación.

 

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