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Redes sociales antes de los 15 años: prohibir no basta. Por Cristian Villegas Director Instituto de Educación y Lenguaje Universidad de Las Américas

Se modernizaronsus 1.150 m², incorporando una nueva distribución de las áreas de entrenamiento, salas completamente renovadas, espacios de cowork y una infraestructura que eleva el estándar deportivo de la Región de Valparaíso.

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La división de la estatal licitó un contrato a ocho años que reemplazó la totalidad de sus vehículos diésel por unidades cero emisiones, adelantándose a las metas corporativas de la cuprífera al 2030.

Francia aprobó recientemente una ley que prohíbe que menores de 15 años hagan uso de redes sociales, medida que se hace efectiva en septiembre de este año para las cuentas nuevas y, desde enero del 2027, para las ya existentes, responsabilizando a las plataformas de la verificación de la edad de sus usuarios.

Esta acción demuestra la preocupación de Francia frente a sus estadísticas de uso de redes sociales, donde uno de cada dos adolescentes, pasa entre dos a cinco horas frente a su teléfono cada día. El problema que esto genera no solo radica en la falta del contacto humano presencial, sino también en la fuerte exposición que viven los jóvenes a noticias falsas, acoso, autolesiones producto de retos virales peligrosos, incremento de una baja autoestima y la disminución del rendimiento académico.

Nuestro país no está fuera de esta realidad, dado que el estudio UNICEF de Kids Online Chile, muestra que las redes sociales son parte de la vida cotidiana de niños y jóvenes, mientras que la OCDE indica que los adolescentes chilenos usan estas plataformas 30 horas a la semana.

Prohibir el acceso antes de los 15 años, permitiría retrasar la exposición a contenidos que pueden ser dañinos, reducir el stress y presión social, así como proteger mejor los tiempos de estudio, descanso o actividad física y familiar, como también relacionarse presencialmente, disminuyendo distracciones y aumentando la concentración. Sin embargo, la prohibición total también tiene limitaciones, dado que las redes permiten entrar en contacto con otros, pueden potenciar el sentido de comunidad, pertinencia y acceso a la información.

Tampoco se trata de que las familias entreguen teléfonos y esperar que los niños y jóvenes se autorregulen frente a plataformas que han sido diseñadas para retener su atención. En este contexto, es clave el rol de los padres en instaurar límites en los horarios de uso, conversar de lo que sus hijos hacen en línea, saber con quienes se relacionan y mantener una comunicación abierta.

El sistema escolar ya ha hecho su parte junto con la ley en torno a la regulación, pero falta el componente familiar. Chile, más que prohibir, necesita discutir en torno a la edad mínima de acceso y exigir mayor responsabilidad a las plataformas de redes sociales; pero, la regulación debe nacer desde el hogar.

Si solo se prohíbe el problema se trasladará a otros espacios menos visibles, por ende, la idea es resguardar, pero sin aislar a los adolescentes, y educar antes que sancionar. Las redes pueden aportar información, participación, socialización e incluso aprendizaje cuando son bien utilizadas, pero difícilmente lo harán si se deja que los menores se enfrenten solos a ellas, sin una guía que los acompañe.

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