El auge de los «diseños de sonrisa» en redes sociales popularizó las carillas dentales, pero un especialista de la U. Andrés Bello advierte que no todas las personas son candidatas y explica cuándo el tratamiento deja de ser conservador.
Las carillas dentales se han convertido en uno de los tratamientos estéticos más solicitados en las consultas odontológicas, impulsadas en buena medida por la exposición constante a sonrisas perfectas en redes sociales. Sin embargo, no todos los pacientes son candidatos para este procedimiento y su éxito depende de factores que van mucho más allá de la técnica utilizada.
Así lo explica el Dr. Kenneth Hillmer, académico de la Facultad de Odontología de la Universidad Andrés Bello, quien advierte que el diagnóstico individual sigue siendo el punto de partida obligatorio antes de cualquier intervención.
¿Quién puede optar a este tratamiento?
Según el especialista, los mejores candidatos para las carillas son pacientes con alteraciones de color que no responden al blanqueamiento, pequeñas fracturas o desgastes, diastemas, anomalías de forma o tamaño dental y algunas malposiciones leves que pueden corregirse de manera restauradora. En este último caso, aclara, la primera opción sigue siendo la ortodoncia.
Por el contrario, hay condiciones que descartan este tratamiento como primera alternativa. «Cuando existen enfermedades periodontales no tratadas, caries activas, mala higiene oral, parafunciones sin control, alteraciones importantes de la mordida o cuando el problema puede resolverse de forma más conservadora mediante ortodoncia o blanqueamiento, las carillas no representan la primera elección», señala Hillmer.
El especialista enfatiza que el éxito del tratamiento depende más de una correcta selección del paciente y un diagnóstico integral que de la técnica restauradora en sí. Solo identificando la causa de la alteración estética o funcional es posible garantizar resultados predecibles y duraderos.
El mito del desgaste dental
Una de las creencias más extendidas es que las carillas «arruinan» los dientes porque obligan a desgastarlos. Hillmer descarta esa idea cuando el tratamiento está correctamente indicado y planificado.
Gracias a la odontología adhesiva y a los materiales cerámicos actuales, explica, muchas carillas requieren un desgaste mínimo e incluso pueden realizarse con preparaciones ultraconservadoras. El objetivo es preservar la mayor cantidad posible de esmalte, lo que mejora la resistencia y la longevidad de la restauración.
El problema surge cuando se buscan cambios estéticos rápidos o se uniforman todas las piezas dentales sin una indicación precisa. «La tendencia actual en odontología no es desgastar más, sino intervenir lo menos posible», afirma el académico.
Los riesgos de priorizar la rapidez
Para Hillmer, el error más frecuente entre quienes buscan un cambio estético es asumir que todas las sonrisas deben verse iguales, cuando la odontología estética busca naturalidad y armonía facial, no replicar un diseño estándar.
También es habitual que los pacientes lleguen pidiendo un tratamiento específico que vieron en redes sociales, sin haber pasado antes por una evaluación diagnóstica. Cuando se prioriza la velocidad por sobre la planificación, pueden omitirse aspectos como el análisis de la oclusión, la salud periodontal o la cantidad de esmalte disponible.
Las consecuencias de esa premura incluyen desgastes innecesarios, restauraciones poco naturales, fracturas o desprendimientos, e incluso problemas funcionales a largo plazo. «Las carillas no son un producto comercial, son un tratamiento médico que requiere diagnóstico, planificación y seguimiento», sostiene el especialista.
Complicaciones y duración real
Cuando la planificación falla o el paciente descuida su higiene, pueden aparecer complicaciones biológicas como inflamación de encías, caries en los márgenes de la restauración o sensibilidad dentaria, además de fallas mecánicas como desprendimientos, fracturas de la cerámica o alteraciones de color en los bordes.
En cuanto a su durabilidad, distintos estudios muestran tasas de supervivencia superiores al 90% después de 10 años cuando las carillas están bien indicadas y confeccionadas. Hillmer advierte que hábitos como apretar o rechinar los dientes, morder objetos duros, abrir envases con la boca, fumar o el consumo excesivo de sustancias pigmentantes pueden acortar significativamente esa vida útil, al igual que la falta de controles periódicos.
Antes de decidirse por una carilla
El especialista cuestiona la estética que predomina en redes sociales, donde abundan sonrisas extremadamente blancas, grandes y uniformes. «Una sonrisa natural suele presentar pequeñas variaciones de forma, textura y color que le otorgan realismo», explica, y agrega que la odontología estética moderna busca restauraciones acordes a las proporciones faciales, la edad y la personalidad de cada paciente.
Su recomendación antes de someterse a este tratamiento es simple: preguntarse si realmente se necesita. En muchos casos, un blanqueamiento, una restauración adhesiva o la ortodoncia permiten lograr el resultado esperado preservando más tejido dentario. «La mejor decisión siempre será aquella basada en un diagnóstico individual y en un plan de tratamiento respaldado por evidencia científica, no por las tendencias de las redes sociales», concluye Hillmer.