El nuevo cierre del paso Los Libertadores, apenas seis días después de su reapertura, vuelve a evidenciar la fragilidad de un corredor estratégico para el comercio entre Chile y Argentina. Pero también plantea una pregunta a las empresas: ¿estamos preparados para operar cuando la incertidumbre se vuelve parte de la planificación?
La experiencia de este invierno demuestra que la contingencia no termina cuando se levantan las barreras. Tras semanas de interrupción, la reanudación del tránsito puede generar nuevos cuellos de botella en aduanas, en los centros de distribución y puntos de recepción.
Por eso la continuidad operacional requiere algo más que reaccionar ante cada cierre. Es necesario entonces priorizar cargas críticas, ajustar despachos y recepciones, contar con información en tiempo real y evaluar rutas alternativas que permitan reducir la dependencia de un único corredor.
Los eventos climáticos no están bajo nuestro control, pero sí podemos fortalecer nuestra capacidad de respuesta. El desafío para la logística es transformar estas interrupciones continuas en aprendizajes y avanzar hacia cadenas de suministro más flexibles, diversificadas y capaces de adaptarse rápidamente.