Una de las mayores virtudes con las que cuenta nuestro país es el talento. Tenemos universidades que investigan, centros tecnológicos que desarrollan soluciones, startups que emprenden con propuestas de alto impacto y empresas que buscan resolver desafíos reales. Y, sin embargo, todavía nos cuesta que esas capacidades se encuentren y articulen entre sí.
Esto es especialmente relevante porque la innovación no ocurre en un solo momento ni depende de un solo actor. Ocurre a través de trayectorias, en los procesos en los que una idea, una tecnología, un emprendimiento o una solución avanza a medida que encuentra las capacidades, conocimiento, infraestructura, recursos y habilitaciones que necesita para alcanzar los resultados y generar el impacto que persigue. Cuando alguna de esas piezas falta, no se encuentra o llega demasiado tarde, la trayectoria se frena.
Vale la pena detenerse en esto, porque de ahí se desprende buena parte del desafío. Un laboratorio universitario del norte puede desarrollar una tecnología que resuelve exactamente la necesidad de una empresa que opera en el sur, pero ambos pueden tardar demasiado tiempo en encontrarse y concretar una colaboración. Una startup con una solución ya validada puede estar buscando recursos para implementar un piloto, mientras existe un instrumento de financiamiento que podría ayudarla, pero cuya información no siempre llega oportunamente a quienes podrían aprovecharlo. Esto no ocurre necesariamente que falten piezas, muchas veces las piezas existen, pero están fragmentadas y no están jugando juntas.
Y si ese es el diagnóstico, la conclusión práctica debería ser bastante clara. Además de seguir fortaleciendo las capacidades del país, necesitamos hacer más fácil que las que ya existen puedan encontrarse y movilizarse alrededor de trayectorias concretas. Con los recursos, instrumentos y talento que hoy existen, mejor articulados, podríamos estar haciendo mucho más por el desarrollo de nuestro ecosistema de innovación.
¿Por qué nos cuesta lograr esa articulación de forma sistemática y escalable? Porque buena parte de la oferta científico-tecnológica, las necesidades y desafíos de innovación, las oportunidades y los instrumentos de apoyo circulan todavía por canales distintos, con información fragmentada y poca visibilidad cruzada. Ese desencuentro tiene un costo silencioso pero real: los proyectos demoran más en encontrar las capacidades que necesitan, éstas se subutilizan y muchas oportunidades de colaboración o apoyo no se materializan a tiempo. Y en innovación el tiempo importa, porque una conexión que llega tarde puede convertirse en una oportunidad perdida y en una trayectoria que se detiene.
Una salida a este dilema pasa por construir infraestructura que permita que esa información fluya y que actores, capacidades, necesidades y oportunidades puedan encontrarse de manera más sencilla y pertinente. Que la colaboración deje de ser una excepción, dependiente de que dos personas se hayan conocido por azar en algún seminario, y se convierta progresivamente en una posibilidad estructural, disponible para cualquier actor, independientemente de su tamaño, ubicación o red de contactos previa.
Es en ese contexto donde nace INNOMATCH, una iniciativa que se ha desarrollado desde HUBTEC en conjunto con ANID, como parte de un ecosistema digital concebido para fortalecer al ecosistema de innovación y contribuir a generar más y mejores trayectorias orientadas a resultados e impacto. INNOMATCH busca hacer visibles y conectar capacidades, necesidades, desafíos, oportunidades y habilitadores como programas, instrumentos y convocatorias, ayudando a que cada trayectoria pueda encontrar más fácilmente aquello que necesita para avanzar.
La tecnología y la inteligencia artificial pueden jugar un papel importante en ese desafío, ayudándonos a estructurar información que hoy se encuentra dispersa, comprender mejor el contexto y las necesidades de los distintos actores, identificar complementariedades y generar conexiones cada vez más pertinentes. Pero la tecnología por sí sola no articula un ecosistema. Su valor está en potenciar la capacidad de las personas y organizaciones para encontrarse y colaborar mejor, digitalmente y también en espacios físicos donde puedan construir confianza y trabajar juntas en torno a sus trayectorias. A medida que la red crece e interactúa, aumenta también su capacidad de aprender y generar valor.
Un punto que me parece especialmente relevante es que esto no se trata de reemplazar las fuentes de información, plataformas y redes que ya existen, ni de concentrar todo el ecosistema en un solo lugar. Por el contrario, el valor está en complementarlas y conectarlas. Por eso, la interoperabilidad es una condición fundamental que permite reutilizar capacidades comunes, integrar progresivamente nuevos actores y habilitar aplicaciones o subecosistemas especializados para distintos sectores, territorios o comunidades, sin tener que reconstruir todo desde cero.
Lo que viene ahora es nutrir esos puentes, sumar actores y capacidades y, sobre todo, conseguir que esas conexiones se traduzcan en trayectorias que efectivamente avancen. Porque un buen ecosistema de innovación no se define sólo por la cantidad de actores que lo integran, sino por la calidad de las conexiones que es capaz de generar y por las trayectorias que esas conexiones permiten impulsar.
Tenemos las piezas. Lo que sigue es hacer que jueguen juntas.