Hace unos días conocimos que el proyecto de Presupuesto 2027 presentado por el gobierno, no contempla recursos para la continuidad del programa “Yo Elijo mi PC”, iniciativa que durante años permitió que estudiantes de séptimo básico, provenientes de familias de menores recursos y con buen rendimiento académico, recibieran un computador para estudiar. Para muchos de esos niños y jóvenes, se trataba del primer dispositivo de estas características en el hogar.
Más allá de la discusión que pueda existir respecto de un programa específico, esta noticia nos invita a reflexionar sobre algo mucho más amplio: el lugar que ocupa hoy la tecnología en las oportunidades de aprendizaje de nuestros niños, niñas y jóvenes.
Hace algunos años podíamos considerar un computador principalmente como una herramienta complementaria. Hoy esa realidad ha cambiado. Una parte importante del acceso al conocimiento, los recursos educativos y las posibilidades de desarrollar nuevas habilidades pasa por dispositivos tecnológicos. Por eso, cuando hablamos de brecha digital, no hablamos únicamente de quién puede conectarse y quién no. También hablamos de oportunidades para aprender.
Desde nuestra experiencia en Kumon hemos podido observar directamente esta transformación. A través de Kumon Connect, los estudiantes pueden desarrollar sus actividades utilizando un dispositivo digital, manteniendo uno de los principios fundamentales de nuestro método: avanzar de acuerdo con sus propias capacidades y desarrollar progresivamente autonomía frente al aprendizaje.
La tecnología, en ese sentido, no reemplaza al estudiante, ni al profesor, ni al orientador. Tampoco produce aprendizaje por sí sola. Su verdadero valor aparece cuando está acompañada por una metodología que enseña a utilizarla con un propósito. Un dispositivo puede ser una puerta hacia la información, pero el desafío educativo es conseguir que niños, niñas y jóvenes sepan aprovechar esa puerta para aprender, investigar, resolver problemas y avanzar por sí mismos.
Esta realidad se vuelve particularmente relevante cuando observamos contextos donde el acceso tecnológico no siempre está garantizado. En Chile contamos con 70 centros, desde Arica hasta Punta Arenas, ubicados en ciudades y comunas con diversas realidades socioeconómicas. Esta presencia nos permite apreciar de manera cercana cómo el acceso a la tecnología y a herramientas adecuadas puede facilitar la continuidad del aprendizaje y ampliar las posibilidades de desarrollo de nuestros alumnos.
El acceso a computadores es una parte relevante de un desafío educativo más amplio. El desafío es mayor: necesitamos avanzar simultáneamente en acceso, conectividad, alfabetización digital y desarrollo de habilidades para aprender de manera autónoma. La tecnología alcanza todo su potencial educativo cuando existe un niño o joven capaz de utilizarla con curiosidad, criterio y propósito.
Además, estas capacidades trascienden la etapa escolar. Los estudiantes que hoy están en séptimo básico enfrentarán un mundo laboral y social en el que las herramientas digitales tendrán una presencia cada vez mayor. Familiarizarse con ellas desde edades tempranas, aprender a utilizarlas responsablemente y comprender que también pueden ser instrumentos para adquirir conocimiento son aprendizajes que pueden acompañarlos durante toda su vida.
Por eso, cualquier conversación sobre cómo disminuir la brecha digital merece ser abordada desde una mirada de futuro. Facilitar el acceso a la tecnología es también ampliar las posibilidades de aprender, especialmente para quienes cuentan con menos oportunidades de hacerlo.
La tecnología seguirá cambiando y probablemente los dispositivos que utilizarán nuestros estudiantes dentro de diez años serán muy diferentes a los actuales. Lo verdaderamente importante será que encuentren en ellos una herramienta que les permita descubrir, aprender y desarrollar todo su potencial.