Buscar

Efecto climático en la mesa: lluvias y cambios en los gastos de alimentación. Por Carlos Montero, Académico Carrera Contador Auditor Universidad de Las Américas

Los recientes sistemas frontales han alterado la disponibilidad agrícola, exigiendo replantear las compras cotidianas. Más que intentar calcular el alza exacta, la clave ciudadana está en comprender esta dinámica para proteger el presupuesto familiar frente a variaciones estacionales.

En el ámbito económico, siempre que llueve con esta intensidad, los ojos se posan sobre el Índice de Precios al Consumidor, conocido como IPC. Este indicador, que es básicamente el termómetro oficial que mide cómo varía el costo de la vida mes a mes, inevitablemente registra movimientos, especialmente si consideramos que la división de alimentos representa poco más del 20% de la canasta total de medición inflacionaria.

Lo que experimentamos tras las lluvias es lo que en economía y auditoría conocemos como un «shock de oferta negativo». En palabras simples, esto ocurre cuando hay una caída repentina y no planificada en la cantidad de productos frescos que logran llegar a los mercados, ya sea por la inundación de cultivos a ras de suelo o por el corte de rutas comerciales.

Como las familias siguen necesitando alimentarse todos los días, lo cual significa que estamos frente a una demanda inelástica (es decir, el consumo de bienes básicos no disminuye en la misma proporción, aunque aumente su valor), por lo que la demanda se mantiene, pero hay menos cajas de hortalizas disponibles en los terminales agrícolas; es decir, la oferta baja y el precio sube por la simple ley de la oferta y demanda. El impacto no es homogéneo; afecta de manera focalizada a los bienes perecibles, alterando rápidamente la estructura de costos de nuestra despensa semanal.

Para visualizar cómo opera este fenómeno en la práctica, sin enredarse en porcentajes abstractos, es útil observar la planificación de un menú de fin de semana. Si alguien tiene pensado preparar una alimentación específica, como por ejemplo unos fetuccinis al pesto con camarones o un pollo a la albahaca, los costos de los ingredientes van a cambiar inmediatamente debido al encarecimiento asimétrico. La pasta, el pollo y los mariscos congelados mantendrán su valor habitual, dado que sus procesos de producción y almacenaje no dependen del clima de esta semana. Sin embargo, al momento de buscar la albahaca fresca para el pesto en la feria, se evidenciará que su disponibilidad es escasa y su valor se ha disparado.

Ahí radica la dinámica del cambio: el alza no castiga a toda la compra del supermercado por igual, sino que se concentra agudamente en aquellos vegetales frescos de cosecha diaria que sufrieron el impacto directo del agua. Otro ejemplo claro se da en los acompañamientos o ensaladas típicas de nuestros almuerzos. Mientras las hortalizas de hoja verde elevan su valor por la fragilidad ante el temporal, los productos de guarda, como el zapallo, el ajo y la cebolla, o incluso las verduras congeladas, mantienen una estabilidad que los convierte en el refugio ideal para las comidas de estos días.

Desde una perspectiva técnica y financiera, el análisis de esta situación es claro y directo: la economía del hogar se debe administrar con el mismo rigor que la de una empresa sana. Ante una contingencia climática transitoria, el peor error es mantener rígidos los hábitos de consumo y absorber pasivamente los sobreprecios.

La recomendación técnica es cuidar el flujo de caja, que corresponde al dinero en efectivo o saldo que nos queda disponible en el uso de nuestros recursos, mediante la flexibilidad. Es el momento de aplicar reemplazos estratégicos en el consumo familiar, optando por legumbres y alimentos no perecibles hasta que los campos se recuperen y la oferta se normalice.

La regla de oro en las finanzas personales es evitar el endeudamiento y, en caso de que sea necesario utilizar tarjetas de crédito o líneas de sobregiro para financiar bienes de consumo inmediato con precios alterados, hacerlo de forma racional y responsable, siendo muy importante asesorarse en el uso de estos instrumentos. Financiar alimentos más caros con deuda, solo transforma una falta de liquidez temporal en un déficit estructural permanente que compromete la tranquilidad del patrimonio futuro.

noticias relacionadas

Auge de autos usados: El debate sobre la calidad. Por Sebastián Cruzat, Product Manager de Autoplanet

Impulsar el acceso a los beneficios laborales: una oportunidad para el crecimiento regional. Por Gonzalo Silva, CEO de Edenred Chile

Alimentar para aprender, aprender para crecer. Por Eduardo Barbé

Redes sociales antes de los 15 años: prohibir no basta. Por Cristian Villegas Director Instituto de Educación y Lenguaje Universidad de Las Américas