La última cifra del INE (9,4% de desempleo, la más alta en cinco años) suele leerse como un dato económico. Pero detrás de ese porcentaje hay casi un millón de chilenos buscando trabajo, y algo que las estadísticas no muestran: cuando el ingreso desaparece, el dividendo, el arriendo y las deudas siguen corriendo como si nada.
Así, la cesantía deja de ser un problema laboral y se transforma en uno financiero. No es casualidad que cuatro millones de personas figuren hoy en registros de morosidad. Volver al empleo formal toma en promedio casi un año, tiempo que pocos hogares resisten sin caer en el sobreendeudamiento.
Lo grave es que esto se vive en silencio, a solas y con vergüenza. Y no debería: hoy existen herramientas legales para enfrentarlo con dignidad, ordenar las deudas y ganar tiempo para volver a trabajar. Frente a una emergencia así, lo primero es dejar de esconder la cabeza y pedir ayuda a tiempo.